Cómo son los Smart Buildings para Smart Workers: así mejoran la productividad de trabajadores y del propio edificio

Autor | Tania Alonso

Atrás van quedando las oficinas con largas hileras de escritorios en los que los empleados responden al teléfono, consultan sus monitores y esperan pacientemente la hora del café. Estos modelos tradicionales están siendo reemplazados por otros más ágiles y dinámicos en los que se fomenta la colaboración y el intercambio de conocimientos.

Esta nueva forma de trabajar ha dado un giro a cómo se conciben, organizan y distribuyen los espacios de oficinas. Y ha hecho que cada vez más empresas elijan edificios inteligentes para reunir a sus trabajadores. Oficinas en las que la tecnología está al servicio del usuario para mejorar su experiencia y optimizar su productividad.

Edificios que mejoran gracias a sus propios datos

En las oficinas inteligentes gran cantidad de procesos están automatizados y controlados: la iluminación, la calefacción, las comunicaciones o los equipos multimedia son solo algunos de los ejemplos. Detrás de estos sistemas están el internet de las cosas (IoT), el big data y los sistemas de gestión inteligente de edificios (iBMS).

Objetos conectados a internet (desde bombillas hasta cafeteras, pasando por mobiliario que analiza las posturas) facilitan el trabajo y mejoran la calidad de la experiencia de los trabajadores. Además, permiten recopilar datos sobre su actividad y el funcionamiento de las instalaciones. Una vez analizada, esta información facilita a las empresas el poder optimizar, todavía más, el entorno de trabajo.

“Al proporcionar a los empleados el entorno, las herramientas y las instalaciones adecuadas para trabajar de manera más productiva, el entorno laboral de una empresa puede convertirse en un catalizador para la innovación y el crecimiento”, señala Owen King, Senior Consultant de Unwork en el informe ‘Smart Working: Smart Buildings and the Future of Work’.

Empleados más sanos y más productivos

Los edificios inteligentes pueden mejorar en gran medida el nivel de confort de los trabajadores. Y, por consiguiente, su rendimiento. Según el ‘Informe global de espacios humanos de Interface’, los niveles de bienestar y productividad aumentan un 13% en aquellos entornos de trabajo que incorporan elementos de la naturaleza, por ejemplo.

La tecnología smart puede tener, incluso, un impacto positivo en su salud. La filosofía del Wellness Real Estate secunda que la correcta combinación de tecnología y diseño en las construcciones puede mejorar el bienestar físico de sus ocupantes.

La iluminación, por ejemplo, es fundamental. El escaso contacto con luz natural puede generar cansancio, dolores de cabeza e incluso trastornos del sueño. Los sistemas de iluminación inteligente permiten ajustar los colores y el nivel de brillo para imitar la luz solar, adaptándose así a los ritmos circadianos (los ritmos biológicos asociados a los cambios ambientales).

Temperaturas muy altas o muy bajas, así como la acumulación de altos niveles de CO2 en el ambiente, pueden provocar también cansancio. Gracias a los sensores conectados, los sistemas de ventilación y climatización pueden detectar cuántas personas hay en cada habitación para ajustar la calidad del aire ideal. Y programarse para mantener la temperatura adecuada.

Otra solución para mejorar la experiencia de los trabajadores es instalar mobiliario conectado. Este permite analizar las posturas de los trabajadores. Y, en caso de detectar algún problema de hábitos o de salud, anticiparse para prevenirlo o actuar para solucionarlo. Los problemas musculares son los que más bajas causan en las oficinas en muchos países. De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadística del Reino Unido, en 2013 causaron la pérdida de 30 millones de días laborales tan solo en dicho país.

Espacios para trabajar en equipo

Los sensores en lugares trabajo no solo miden aspectos físicos, sino que también pueden mejorar el rendimiento de los negocios. La infraestructura inteligente permite a los empleados acceder a sistemas de reconocimiento de ubicación, de ocupación en tiempo real y de asignaciones de espacio de trabajo, por ejemplo.

De esta forma, pueden saber en todo momento qué salas están ocupadas, reservar espacios o localizar compañeros. Incluso establecer videollamadas y conectar con los dispositivos que están en otro lugar del edificio. O programar los ascensores para que estén listos en un determinado momento.

Estos sistemas permiten a los trabajadores mejorar su rendimiento diario y optimizar su tiempo. Pero, además, van más allá. Un estudio realizado con datos de una compañía farmacéutica permitió relacionar el número de interacciones en la oficina con el número de ventas. Los directivos usaron estos datos para justificar la instalación de una cantina más grande y más espacios comunes. Tras estos cambios, las ventas aumentaron en 200 millones de dólares.

El caso de The Edge

The Edge es el nombre del edificio de Ámsterdam que acoge las oficinas de Deloitte. Y que es considerado uno de los edificios más inteligentes del mundo. Una vez que se acercan a sus proximidades, los trabajadores pasan a estar conectados con él a través de una app.

Esta les guía hasta una plaza de aparcamiento y les asigna un espacio para trabajar dependiendo de su agenda del día. Puede ser en una sala de reuniones, en un balcón o en una sala de concentración, por ejemplo. Nadie cuenta con un lugar asignado (de hecho, el número de trabajadores dobla el de escritorios).

Esta organización se basa en las metodologías de trabajo ABW (activity-based working), en las que los empleados no “poseen” un escritorio. A lo largo de su jornada laboral acuden a diferentes puntos de trabajo dependiendo de las tareas que están realizando.

La app de The Edge recuerda también desde cómo le gusta el café a cada trabajador hasta qué temperatura y nivel de luz prefiere. De esta forma, todo está siempre a punto para trabajar en las mejores condiciones.

Productividad y eficiencia en las propias instalaciones

The Edge es, además, el edificio más ecológico del mundo según la agencia de calificación británica BREEAM. La eficiencia energética es uno de los pilares fundamentales de los edificios inteligentes. Al monitorear el uso de la electricidad y el agua, los Smart Buildings optimizan el rendimiento de sus diferentes sistemas. Y son, por consiguiente, altamente eficientes energéticamente.

En el caso de The Edge, el sistema de iluminación LED (creado por Philips específicamente para el edificio) cuenta con 30.000 sensores. Estos miden continuamente la ocupación, el movimiento y los niveles de iluminación para ajustar automáticamente el consumo de energía. Como resultado, The Edge usa un 70% menos de electricidad que otros edificios comparables en tamaño y actividad.

Los niveles de humedad o temperatura también se miden de forma constante. Los sistemas del edificio responden y se adaptan para maximizar la eficiencia. Pero, además, los datos son resultantes son analizados con big data para estudiar futuras mejoras.

Aunque la mayoría de los pasos son más tímidos que los de la oficina de Deloitte, cada vez más empresas están introduciendo tecnología smart en sus instalaciones. Los datos de Smart Living Plat indican que el sector de los edificios inteligentes experimentará un crecimiento medio anual cercano al 30% en los próximos años. Y la consultora Unwork estima en 17.000 millones de dólares la inversión en sistemas para estas construcciones en 2019.

Los números están ahí para justificar estas tendencias: se espera que en el año 2030 la población de las ciudades sume 5.000 millones de personas en todo el mundo. Esto presentará numerosos desafíos para la sostenibilidad del planeta. Y la edificación inteligente es una de las soluciones para alcanzar varios de los objetivos de la ONU relacionados con la disminución del consumo de energía.

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