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IA, reconocimiento de imagen y procesamiento en la nube: ¿cómo opera un puerto inteligente?

Cuando hablamos de urbanismo e infraestructuras, normalmente toda la atención centra en puentes y carreteras, trazados ferroviarios e instalaciones de suministro [utilities]. La gestión portuaria, sin embargo, es algo que rara vez ocupa un espacio parejo a su importancia económica, en gran medida porque estas instalaciones poseen un elevado grado de autonomía y su expansión, cuando es necesaria, no suele despertar la clase de reacciones que sí se pueden encontrar durante la ampliación de un aeropuerto.

Tal vez por ello muchos ciudadanos no llegan a ser plenamente conscientes del hecho de que los grandes puertos comerciales son básicamente ciudades dentro de ciudades; una circunstancia explicada en gran detalle por los asistentes a la ponencia Smart Ports del Smart City Expo World Congress 2019. En no pocas ocasiones estas instalaciones poseen sus propias plantas de generación de energía, espacios de cuarentena e instalaciones sanitarias.

¿Pero cómo es posible enviar furgonetas alemanas por piezas a Estados Unidos para su ensamblaje siguiendo métodos Just in Time (JIT)? ¿Cómo logra exportar Perú productos fácilmente perecederos a España? La clave reside en una extraordinaria optimización de los recursos que normalmente solo se puede encontrar en las fábricas más modernas.

Rotterdam: el poder de la nube y el IoT como producto exportable a otros países

El puerto de Rotterdam, en los Países Bajos, es el más grande de Europa y fue durante cuatro décadas el más activo del mundo. No solo destaca por sus más de 100 kilómetros cuadrados y el ingente volumen de mercancías procesado de forma diaria, sino también por su elevadísimo nivel de automatización y la utilización de aerogeneradores para suplir parte de sus necesidades energéticas.

La innovación forma parte de la cultura de este puerto de importancia fundamental para el comercio de todo el mundo. Uno de sus últimos y más interesantes proyectos recibe el nombre de Contenedor 42. Thea de Vries, responsable de comunicaciones del puerto de Rotterdam, elaboró el funcionamiento de esta inteligente implementación del Internet de las cosas.

El Contenedor 42 está en estos momentos dando la vuelta al mundo, recabando información sobre el tránsito marítimo y las condiciones más idóneas para la carga y descarga de mercancías. Gracias a esta iniciativa se puede conocer con mayor precisión el tiempo necesario para poner un contenedor en circulación y medir las fuerzas que intervienen durante su transporte para ayudar a repartir la carga de forma más eficiente.

El proyecto IoT del puerto de Rotterdam permite a sus autoridades gestionar la entrada y salida de buques de forma continua y sin pausas. Sensores de monitorización de la profundidad de los muelles permiten estimar con precisión el número de contenedores que pueden cargarse en cada nave, ahorrando tiempo y dinero, mientras que el seguimiento automatizado de los contenedores evita pérdidas de mercancía.

Un aspecto fundamental del puerto de Rotterdam, explicó Thea de Vries en su ponencia, es una cultura de innovación que normalmente solo se aprecia en la empresa privada. Tanto es así que avances desarrollados in situ, tal es el caso de su potente sistema de gestión en la nube, son ofrecidos a otros puertos del mundo en forma de software como servicio (SaaS).

Montreal: inteligencia artificial y reconocimiento de imágenes para un transporte más verde

puertos inteligentes

El puerto de Montreal, por su parte, es otro gran centro de recepción de mercancías. Su situación geográfica (es el puerto comercial más próximo entre Norteamérica, Europa y la cuenca mediterránea)  tiene una importancia estratégica para unas instalaciones que buscan reducir su huella ecológica e incrementar su rentabilidad mediante una gestión eficiente.

Daniel Olivier, responsable de innovación del puerto de Montreal, dio algunas pistas sobre cómo lo está consiguiendo. Mientras que otros puertos siguen necesitando estibadores para organizar el proceso de carga de principio a fin, en Montreal avanzados sistemas de inteligencia artificial reconocen los códigos de los contenedores para organizarlos con la máxima eficiencia, ahorrando tiempo durante su manipulación.

Este sistema, además, es capaz de controlar la integridad de los precintos para evitar robos y contrabando e identificar daños por óxido, enviando una señal de aviso. Una vez alertados, los trabajadores del puerto pueden notificar la incidencia para solicitar una inspección o descartar el aviso como un falso positivo.

“Un puerto fluido es un puerto verde”, explicó Olivier. Pero también un puerto más económico. Para las grandes firmas de transporte marítimo cada hora de trayecto cuesta dinero, por lo que mantener una actividad sin pausas hace que puertos como los de Montreal y Rotterdam sigan siendo un destino preferente, y con ello, facilitando el comercio que mueve las economías de las ciudades modernas.

Imágenes | Port of Rotterdam, chuttersnap