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China también aspira a su propia ciudad del futuro diseñada por un gigante tecnológico

Autor | Eduardo Bravo

El coloso de los servicios de internet chino Tencent ha encargado al estudio de arquitectura estadounidense NBBJ la construcción de una ciudad inteligente en la provincia de Shenzhen. Planificada desde cero, Net City, que es como ha sido bautizada, tendrá algo más de dos kilómetros cuadrados.

Estas dimensiones la hacen semejante a Montecarlo o Manhattan, dos referencias manejadas por medios de comunicación como CNN no solo para que su audiencia se pueda hacer una idea del tamaño, sino como dato aspiracional. Y es que según las informaciones iniciales, Net City quiere ser una ciudad futurista tan atractiva para vivir  como esas dos localizaciones, si no más.

La prioridad: peatones, espacios verdes y vehículos autónomos

Una de las razones para ese atractivo radica en la decisión de los responsables de Tencent de primar las necesidades y comodidad de los ciudadanos minimizando el impacto de los vehículos en el entorno. Para ello, además de apostar por el transporte público eléctrico y prohibir el acceso de automóviles a determinadas zonas, se crearán modelos urbanísticos semejantes a las llamadas supermanzanas, conjuntos de edificios cuyas calles interiores son peatonales, de modo que solo se permite el acceso en coche a la calle exterior que los rodea.

Con ello se pretende fomentar las relaciones entre los miembros de la comunidad, reducir las distancias de los desplazamientos y facilitar las jornadas flexibles o el teletrabajo, por si en un futuro fuera necesario confinar de nuevo a la población, como ha sucedido por la pandemia de la COVID-19. De hecho, por su diseño urbanístico y la situación geográfica de los que disfruta Net City –junto a la costa china–, permitiría aislar el lugar del resto del país muy fácilmente. En todo caso, no es esa la intención de los responsables de Tencent, que desean hacer de Net City no una isla, sino una ciudad «vibrante» que se convierta en un centro de actividad y mantenga relaciones fluidas con otras ciudades de su entorno, para lo cual se construirán carreteras, puentes, rutas de ferry y varias líneas de metro.

Innovación y sostenibilidad ambiental en un mismo sitio

Asimismo, los edificios de la ciudad, distribuidos en diferentes zonas según la actividad a la que se dediquen –administrativa, comercial, educativa, de ocio o residencial–, serán inteligentes y respetuosos con el medio ambiente. Contarán con paneles solares para generar su propia energía, estarán dotados de sistemas de reutilización de agua y como posiblemente eso no sea suficiente para acabar con el cambio climático, estarán construidos en altura para evitar los daños producidos por una eventual subida del nivel del mar.

El proyecto, que comenzará su construcción a finales de este año, prevé tener finalizada la primera fase en 2022. El resto no estará acabado antes de 2027, aunque estos plazos podrían variar por la COVID-19 y la crisis económica derivada de ella.

Así ha sucedido con la ciudad inteligente que la compañía Sidewalk Labs estaba construyendo en el centro de Quayside, Toronto y a la que la pandemia ha hecho económicamente inviable. A pesar de los beneficios que ese nuevo entorno inteligente iba a aportar a la ciudad canadiense en forma de creación de empleo y centro de negocios, en la actualidad no hay inversores que quieran aportar dinero para la construcción.

En todo caso, los responsables esperan que, al menos algunas de las ideas y soluciones que se iban a ejecutar en Canadá, puedan ser aplicadas en otros lugares. Por ejemplo, en Net City o cualquier otra ciudad china, habida cuenta de que el gobierno del país precisa a medio plazo centros urbanos inteligentes capaces de acoger al 70% de la población, que es el porcentaje que, se estima, vivirá en ciudades en el año 2035. Nada menos que mil millones de personas.

Imágenes | NBBJ