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La inteligencia artificial consume cada vez más recursos

Autor | Marcos Martinez

La potencia usada en inteligencia artificial se multiplica por dos cada 3,4 meses, según Open AI. Nos encontramos ante una métrica del todo insostenible, eclipsando incluso a las criptomonedas. Esta aceleración, medida en petaflops por día, incluso ha definido un nuevo periodo en la era de la computación, dando lugar a lo que ya se conoce como la Era Moderna en contraposición con la Primera Era.

La inteligencia artificial es una creación tecnológica transversal. Significa que tiene cabida en todos nuestros procesos, y se estima que en la década de los años 20 esta permeará toda nuestra tecnología: ciudades inteligentes, justicia, medicina, industria, plataformas streaming, videojuegos, etc.

¿Por qué la inteligencia artificial consume tanto?

En 2019, un alentador estudio del MIT admitía que las redes neuronales actuales son toscas y poco eficientes. Según estos investigadores, las redes neuronales podrían ser hasta 10 veces más pequeñas sin afectar a su desempeño. Pero, dado que 24 es más que 10, miniaturizar hoy todas las inteligencias artificiales basadas en redes neuronales nos devolvería a un consumo eléctrico de hace unos 13,6 meses (en base a la cifra del primer párrafo: 4·3,4 meses). Aunque recomendable, no es una solución al reto del aumento de consumo.

El gran problema es que la IA es increíblemente versátil como para dejar algún sector intacto. Un estudio de McKinsey en 2019 señalaba cómo usaremos inteligencia artificial en absolutamente todo: del retail a los seguros. Ocurre que los sistemas de deep learning son extraordinariamente precisos.

¿Cómo apagamos la IA cuando su red de aprendizaje profundo evalúa a la perfección una tomografía computarizada de tórax, una IA detecta el cáncer metastásico mejor que los médicos, una red neuronal bate a los dermatólogos al detectar cáncer de piel o es capaz de detectar personas deprimidas en redes sociales? Obviamente, no podemos.

La IA usada en la ciudad

camaras de vigilancia e IA

Uno de los usos de inteligencia artificial altamente intensiva se da en las ciudades chinas. Xinjiang y Hong Kong son dos de los entornos con más videovigilancia del mundo. Esta consiste, de forma sintetizada, en tomar vídeos, enviarlos a centros de datos, y localizar patrones como rostros. Y tiene un coste.

Procesar todas estas imágenes en tiempo récord es un tipo de industria altamente intensiva en energía. Sin embargo, no es la única. En Europa la iniciativa AI4Cities pretende descarbonizar la economía en cuatro fases, todas ellas altamente dependientes del uso de IA.

Tanto en EEUU como en China o en Europa se está usando inteligencia artificial para mejorar la movilidad urbana. Incluso se habla de la IA como la tecnología que evitará los atascos, aumentando en el proceso la capacidad de carga de las vías, lo que a su vez aumentará los coches por segundo y su velocidad media.

¿Aprenderemos a usar inteligencia artificial con sabiduría?

No hace falta ser doctor en energías para entender que una ciudad con un aumento de la velocidad media de sus vehículos, y más vehículos, no es el tipo de solución que estamos buscando como alternativa al vehículo en propiedad. ¿Podremos detener el consumo exponencial de energía en nuestros cálculos?

Una inteligencia artificial es en esencia una calculadora notablemente precisa, y sus cálculos nos ayudan a optimizar las redes eléctricas inteligentes para minimizar gastos. Además, el mantenimiento preventivo vía IA de redes está a la vuelta de la esquina, lo que supone una inversión energética, no un coste.

Kardashov diseñó una escala en la que determinaba el tipo de civilización en base a su consumo energético (siempre creciente). Quizá no podamos escapar de consumir más energía, aunque sí podríamos elegir de dónde la sacamos. Así, un uso inteligente de la IA nos permite desarrollar energías renovables. A falta de una solución real, al menos se puede mitigar su impacto ecológico.

Imágenes | iStock/Nadine_C, Nick Loggie