Parque Green Bank

Green Bank: el caso del pueblo sin Wi-Fi

Autor | Arantxa Herranz

¿Podrías vivir sin Wi-Fi? ¿Sin llevar contigo todo el día un teléfono que te permite mandar mensajes de texto a cualquiera de tus contactos? ¿Revisando las redes sociales? ¿Descubriendo nuevas ofertas y oportunidades en la palma de tu mano? No se trata de si la tecnología crea adicción o no o de sumirnos en un retiro digital más que espiritual. Hay lugares donde usar Internet sin cables llega a estar prohibido. Es el caso de Green Bank, en Virgina del Oeste, Estados Unidos.

Astronomía frente a telecomunicaciones

desenchufando un router wifi

Ir a Green Bank es hacerlo a una zona llena de contrastes. Situada en un área conocida como National Radio Quiet Zone, lo primero que vemos en el horizonte es un radiotelescopio gigante: 148 metros de alto y 7,7 millones de kilos. Tan singular aparato científico forma parte del Observatorio Nacional de Radioastronomía y puede captar señales que están a 13.000 millones de años luz de distancia.

Esta tecnología tan puntera y de vanguardia contrasta, sin embargo, con el mantra de los 143 habitantes de Green Bank: nada de móviles ni Wi-Fi. De hecho, está prohibido usar dispositivos inalámbricos en una extensión amplia. Las emisiones de un teléfono puede afectar a los sonidos que los astrónomos que trabajan allí están estudiando para entender cómo se formó la Vía Láctea y su actual evolución. Los ordenadores están permitidos, pero Internet solo puede llegar por línea fija al equipo, y si se quiere utilizar una red inalámbrica, hay que alejarse del centro.

La belleza del silencio

Radiotelescopios de Green Bank

El silencio, por tanto, es un bien muy valorado en esta zona. Sus habitantes, incluyendo los más jóvenes, también aprecian esta ausencia de ruido y creen que al no tener este mundo digital aprecian más las conexiones en la vida real, el aire libre y la privacidad personal.

Dadas estas peculiaridades, los habitantes de Green Bank suelen ser personas que pasan menos tiempo en Internet que la mayoría de las personas de su edad. Los jóvenes hacen planes con sus amigos como lo hacían sus padres, antes de la llegada de la revolución digital. O bien se llaman por teléfono fijo o quedan en persona. También hay menos ordenadores. Puesto que las conexiones locales por red terrestre son muy lentas y no hay Wi-Fi, es normal tener un único ordenador en casa y compartirlo con toda la familia.

Vivir con la cabeza agachada o levantada

Algunos estadounidenses deciden motu proprio ir a vivir allí. Otros, simplemente, van de turismo. Para los habitantes de Green Bank es chocante comprobar cómo algunas personas se asustan porque no pueden tener acceso a sus dispositivos. Es más, reconocen que es “bastante extraño y molesto ver a la gente siempre jugando con sus dispositivos y sin prestar atención a lo que sucede a su alrededor”.

Los que se han criado en un sitio sin Internet aseguran no tener esta urgencia de comunicarse con el resto de las personas a través de mensajes de texto en el móvil. Están acostumbrados a vivir en un área donde no están disponibles las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Una situación singular en pleno siglo XXI y que convierte a Green Bank en una especie de cápsula del tiempo desde la que observar el mundo exterior desde una óptica distinta. O echar la vista a un pasado que no regresará.

Imágenes | WikiMedia, Green Bank Observatory, Pheelings Media/iStock