Ciudad de México: un caso de éxito del planteamiento del transporte público

Autor | Arantxa Herranz

La Ciudad de México representa el 0,1% de la superficie del país y en ella viven 8.918.653 personas. Si contamos todo el área metropolitana, la cifra asciende a los 21 millones de habitantes. En las últimas dos décadas, y dado su crecimiento, se han puesto en marcha diferentes medidas destinadas a fomentar el uso del transporte público en detrimento del privado para mejorar la calidad del aire. Para hacernos una idea, cabe señalar que si en los 50 la tasa de urbanización de la ciudad rondaba el 43 por ciento, en 2010 era ya del 78%.

El Metro fue durante mucho tiempo el modo de transporte dominante, con aproximadamente 250 km de longitud y 4,5 millones de viajes por día. Además, los sistemas de transporte tradicionales estaban compuestos típicamente de líneas de autobuses y minibuses privados hacinados y lentos. Los autobuses eran viejos y altamente contaminantes. Estas deficiencias en el transporte hicieron que se construyeran nuevas autopistas; sin embargo, con el tiempo se constató que esas medidas inducían una mayor congestión del tráfico y que el proyecto solo servía a un pequeño porcentaje de los habitantes de la ciudad.

En un día laborable se producen más de 17,3 millones de desplazamientos hacia dentro y fuera de la ciudad. A ellos habría que sumar otros 14,7 millones de trayectos dentro de la ciudad.

Eso sí, de todos estos viajes nada menos que 4,34 millones se realizan en automóvil, mientras que 18,98 millones se realizan en transporte público. Sin embargo, el transporte público está saturado en las áreas centrales, mientras que en la periferia adolecen de un transporte público muy deficiente, con tiempos de viaje que se alargan en ambos sentidos (se calcula que se puede llegar a tardar entre dos y tres horas por trayecto). Por si fuera poco, el transporte público tampoco es especialmente barato para las rentas bajas. En algunos casos tienen que destinar uno de cada tres dólares al transporte.

Un transporte menos contaminante

El transporte por carretera es la principal fuente de emisiones de CO2. Por eso las autoridades decidieron implementar determinadas políticas, programas y medidas dirigidas a reducir la contaminación y mejorar la red de transporte público.

Una de las medidas de mayor éxito (y recorrido, pues lleva vigente desde 1989) es “Hoy No Circula”. Con ella, se limita el uso del vehículo durante los días de semana en función de su número de matrícula. Además, los taxis de más de 10 años de antigüedad no pueden circular, y los automóviles deben verificar su nivel de emisión cada seis años. Los días de más contaminación, se producen recortes de tráfico de hasta el 40%.

Uno de los proyectos de transporte público más emblemáticos del gobierno fue la implementación de un autobús de tránsito rápido (BRT) en 2005, que es más barato y más flexible que otras alternativas y que, además, tiene un mejor sistema de conexión con otros modos de transporte como metro o estaciones para compartir bicicletas. Los autobuses, de gran capacidad, reemplazaron a más de 2.300 microbuses contaminantes, y las autoridades estiman que el sistema Metrobús ha permitido eliminar 270.000 viajes que se harían de otra manera, evitando más de 180,000 toneladas de GEI cada año. 

También el servicio de Nochebús (autobuses nocturnos que funcionan entre la medianoche y las 5:00 am en 11 rutas que cubren una red de 319 km) es muy bien valorado. El servicio se inició en 2013 y, en 2018, se implementó un nuevo servicio de ruta con paradas y horarios fijos. Este sistema ha permitido aumentar la seguridad y la eficiencia del transporte nocturno en la ciudad.

Sostenibilidad y accesibilidad

También se ha apostado por un Servicio de Transportes Eléctricos. Estas unidades cubren un total de 203 km, incluido el último “Corredor Cero Emisiones Autobús – Corredor Cero Emisiones Bici” inaugurado en 2012. También está a cargo del programa de taxis eléctricos de la ciudad.

Otras políticas recientes, como la Ley de Movilidad de 2014, ponen su mirada en un sistema de movilidad integrado, socialmente inclusivo, resistente y centrado en las personas. El Plan Estratégico de Movilidad de la Ciudad de México 2019 se centra en la redistribución del espacio vial y fomenta las inversiones hacia modos de transporte sostenibles, con el objetivo de integrar los diferentes transportes en la ciudad, mejorando la infraestructura y los servicios, y aumentando la accesibilidad y seguridad para todos los usuarios.

La movilidad compartida ha tenido un gran auge en la última década en la Ciudad de México. Por ejemplo, el sistema público de bicicletas compartidas tiene 480 estaciones y 6.800 bicicletas. Desde su lanzamiento en febrero de 2010, el sistema ha registrado más de 58.5 millones de viajes y ha evitado la emisión de 4.541 toneladas de CO2.

Los proyectos y cambios de transporte de la ciudad han tenido grandes beneficios económicos, sociales y urbanos en las últimas décadas, contribuyendo a la economía de la zona o al rediseño de los espacios públicos. La decisión de la ciudad de diversificar su oferta de transporte público e invertir en nuevas opciones de movilidad como los BRT y los sistemas para compartir bicicletas tuvieron éxito y permitieron aliviar parcialmente la presión ejercida sobre los saturados sistemas de metro.

El gobierno también ha aprendido de sus errores anteriores, como la falta de accesibilidad del Tren Suburbano. Este proyecto demostró la importancia de tener en cuenta la accesibilidad del usuario y la participación de partes interesadas en un proyecto de transporte, en lugar de centrarse principalmente en la viabilidad y la infraestructura.

Imágenes | Daniel4villamil, mochilazocultural, Stanely Nguma