Cajas negras

Cajas negras en los coches: ¿seguridad o el principio del fin de la privacidad en el vehículo?

Autor | Jaime Ramos

La Unión Europea anunciaba el pasado marzo que en 2022 iba a entrar en vigor una normativa que está por revolucionar el transporte. Se trata de hacer obligatorios 15 sistemas de asistencia a la conducción (ADAS) en todo vehículo que se venda a partir de ese año. Entre esos sistemas encontramos las muy discutidas cajas negras o lo que es lo mismo: sistemas capaces de registrar toda maniobra realizada en un coche.

Las autoridades europeas han impulsado este plan debido al estancamiento que sufre la siniestralidad a lo largo y ancho del continente. Las carreteras europeas dejan cada año más de 25.000 fallecidos por culpa de los siniestros de tráfico.

A principios de la presente década las perspectivas de los gobiernos europeos eran muy optimistas en cuanto a la evolución de la seguridad vial. De hecho, algunos ya se aventuraban visualizar un mundo sin víctimas de tráfico. Llegados a estas alturas de siglo, la realidad es otra. Se precisa un giro que respalde ese gran logro, un cambio que puede brindar la tecnología.

Democratizar los sistemas de seguridad de los vehículos

Los mencionados sistemas ADAS constituyen una solución cualitativa. Son, al mismo tiempo, un avance de lo que deparará la conducción autónoma en décadas posteriores. Se concentran, además, en proteger a los grupos más vulnerables en la carretera: peatones, ciclistas y motoristas. Este tipo de víctimas no está disminuyendo y propician que la siniestralidad en ciudad se eleve. Dichos grupos, de hecho, representan el 70% de los fallecidos en vía urbana.

La tecnología lleva años prometiendo resultados esperanzadores pero, ¿por qué los sistemas ADAS no se han aplicado ya de forma masiva? Mientras unos argumentan que la tecnología no estaba madura, otros culpan a los fabricantes de automóviles, señalando que los han estado reservando a los modelos de gama alta. Por eso, la intención de la UE se dirige, a la vez, a democratizar su uso.

Caja negra y tacógrafo

Sin embargo, las buenas intenciones de las autoridades adelantarán un doble efecto, inaugurando en la movilidad el roce entre los límites de la seguridad y la privacidad. En el mismo, las cajas negras juegan un papel protagonista.

Cajas negras, ¿qué registrarán?

Incluidas entre los 15 sistemas obligatorios, las cajas negras registrarán toda interacción humana con el vehículo. En ese sentido parece que la clasificación de “privado” en el transporte tiene los días contados. Sumado al resto de dispositivos electrónicos que llevamos con nosotros, las cajas negras proporcionarán información sobre nuestra manera de conducir.

Ahora bien, la normativa comunitaria establece, de momento, unos límites claros. La información que almacenen las cajas negras solo podrá utilizarse en caso de accidente. Esto tendrá una doble utilidad.

Por un lado, esta captación de datos ayudará a la industria a determinar mejor las causas de los accidentes, de cara a evitarlos. Al mismo tiempo, es posible que puedan llegar a utilizarse con una finalidad jurídica. Por ejemplo, podrían servir de prueba para dirimir procedimientos judiciales. Las normas de desarrollo de cada estado serán fundamentales para determinar hasta dónde llegarán estos espías.

La realidad es que… las cajas negras ya están entre nosotros

EDR

Aunque este uso se estrenará en 2022, lo cierto es que algunos fabricantes ya montan dispositivos electrónicos de este tipo. Se llaman EDR (Event Data Recorder) y podemos encontrarlos en modelos fabricados por General Motors, Ford, Isuzu, Mazda, Mitsubishi, Subaru, Suzuki y Toyota.

Su presencia en los coches no se anuncia en exceso, resultando bastante desconocidos para la gran mayoría de conductores. Las compañías apelan también a una utilidad para mejorar la seguridad al volante. La regulación futura debería, cuanto menos, contemplar el régimen de publicidad y utilización de esta información a la que tiene acceso el sector privado.

Estos son solo los primeros albores del dilema entre seguridad y privacidad. El debate golpeará sin remedio a la sociedad con el advenimiento, cada vez más cercano, del coche conectado y la conducción autónoma.

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