Lisboa transporte tranvía

Lisboa, la ciudad que cambió su transporte tras la última gran crisis

Autor | Arantxa Herranz

En la desembocadura del río Tajo, el más largo de toda la Península Ibérica, se construye Lisboa, la ciudad más importante de Portugal y que ha sido reconocida como Capital Verde Europea en este 2020.

Lisboa está considerada como una de las ciudades más verdes, más respetuosas con el medio ambiente y con una movilidad de las personas digna de copiar por otras urbes. Pero, para llegar hasta aquí, la ciudad ha sufrido grandes cambios, no siempre fáciles de digerir. El terremoto que devastó la ciudad en 1755 marcó su carácter. La crisis económica de 2008 también supuso un antes y un después para esta ciudad de apenas medio millón de habitantes.

La sostenibilidad y la movilidad como bandera

calle vacía en Lisboa

Precisamente desde 2008, la movilidad ha pasado a ser uno de los ejes de la capital lusa. Y, para ello, se ha contado también con la opinión de los ciudadanos, de las empresas privadas y públicas y de las experiencias de otras ciudades

Lisboa cuenta con una concejalía de Movilidad y Seguridad, al frente de la cual está Miguel Gaspar, impulsor de algunos de los cambios más importantes de esta ciudad, cuya apariencia ha cambiado en la última década. El reto era que los residentes debían ser los nuevos dueños de la ciudad y, para ello, se apostó por implantar sistemas de movilidad sostenibles. Algo que, además, ayudaría a la ciudad y al país a cumplir los objetivos de emisiones de carbono para 2030..

Vehículos eléctricos y transporte público

Para conseguirlo, la empresa de transporte municipal tuvo un papel importante. En estos momentos, por la capital lusa se pueden ver más de 200 vehículos ligeros, el 91% de los cuales son eléctricos y el 9% híbridos. La organización ha ido aumentando paulatinamente el número de vehículos eléctricos y el reto es alcanzar los 420 autobuses y 25 tranvías para 2023. Esta estrategia conllevará una inversión de 252 millones de euros, pero con ella también se quiere que 150.000 personas que apuestan por su vehículo privado lo dejen aparcado y se suban al transporte público.

Lograr reducir tan drásticamente el uso del automóvil: se ha pasado de que solo 100 de cada 1.000 portugueses tuvieran su coche en 1980 a cinco veces más. Además, casi 6 de cada 10 viajes dentro de la capital se realizan en coches.

Tranvía en Lisboa

Para ello, el consistorio también apuesta por reducir el espacio público disponible para los automóviles y, en su lugar, darlo para que sea más fácil, cómodo y seguro poder caminar. La ciudad está invirtiendo en transporte público, aumentando la oferta, reduciendo las tarifas y simplificándolas.

La movilidad como servicio

Miguel Gaspar defiende que las ciudades no pueden ser monopolistas en movilidad. Por eso, en toda su estrategia ha contado siempre con la opinión y la aportación de las empresas privadas que también ofrecen alternativas al transporte. “Son mucho mejores en innovación que nosotros”, ha llegado a asegurar este responsable.

Cada dos semanas, Lisboa tiene una reunión con los proveedores de soluciones de movilidad que operan en la ciudad, 16 hasta la fecha. El sistema de transporte público se ve complementado con una oferta privada de motos eléctricas: 12.000 unidades de 9 empresas diferentes que permitirán satisfacer lo que se conoce como el transporte de última milla. Este sistema, sin embargo, también tiene en cuenta lo anteriormente señalado: el respetar el espacio público para los viandantes. De hecho, la ordenanza contempla multas para aquellas motos que ensucien el pavimento o que estén mal aparcadas, invadiendo los espacios públicos.

Con esta colaboración también se busca recuperar los usuarios que había perdido el transporte público estaba perdiendo usuarios. Por eso, apostaron por aplicar políticas de Movilidad como Servicio (MaaS, Mobility as a Service en inglés) para completar la oferta de movilidad.

Gente paseando en un calle de Lisboa

Entre otras medidas, destaca la venta de billetes unificados por los que se puede acceder a diversos medios de transporte, tanto públicos como privados, de manera que se integre toda la oferta de movilidad disponible, se simplifiquen las tarifas y se facilite su uso.

La inspiración y el ejemplo

Aunque Lisboa puede ser tomada como ejemplo de cómo puede cambiar la movilidad en una ciudad, lo cierto es que los responsables reconocen que se han inspirado en otras urbes para desarrollar su plan. Oporto, Barcelona, ​​Copenhague, Londres y Los Ángeles son algunos de estos espejos donde los portugueses se han mirado.

Así, por ejemplo, Lisboa se inspiró en Los Ángeles para ser la primera ciudad europea en adoptar la Especificación de datos de movilidad (MDS), estableciendo una plantilla para que las bicicletas compartidas, los e-scooters y otros proveedores de movilidad compartida puedan compartir datos para informar a los responsables del transporte para mejorar su planificación y gestión.

Una gran plaza de Lisboa

¿Y el futuro?

Lisboa mira hacia el futuro después de haber firmado el Pacto de Movilidad Corporativa (CMP)  al que se han sumado 57 empresas líderes, que compromete a los signatarios a implementar más de 200 acciones de movilidad para una movilidad más sostenible. Los responsables de las políticas de movilidad de Lisboa no se detienen y ya están pensando en cómo deberá adaptarse la ciudad a lo que está por venir, especialmente cuando los automóviles autónomos sean una realidad. Así, los responsables quieren evitar que estos coches conduzca solos constantemente por la ciudad hasta que alguien los necesiten, con el fin de evitar problemas de tráfico.

En cualquier caso, el objetivo seguirá siendo el mismo: volver a lo básico. Es decir, ofrecer a los ciudadanos y visitantes los servicios que necesitan para realizar sus actividades diarias.

Imágenes | Pixabay