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La trampa del coche autónomo a la hora de eliminar atascos

Autor | Marcos Martínez

La movilidad autónoma presenta notables ventajas frente a la conducción manual. Será más eficiente calculando tanto la ruta óptima como el rango de velocidades, pero también más segura, puesto que gracias a las comunicaciones Car 2 Car, parte del Internet de las Cosas, la información recogida por un coche llegará al colectivo para perfeccionar su funcionamiento. Sin embargo, este tipo de sistemas distan mucho de ser la panacea a la movilidad urbana y periurbana proclamada por sus impulsores. De hecho, por muy eficientes que sean los vehículos autónomos no resolverán el problema de los atascos.

Entender cómo se forman los atascos

Aunque todos los atascos consisten en una retención de vehículos detenidos, no todos los atascos tienen el mismo origen. Podemos definir dos tipos distintos:

  • El atasco por embotellamiento. Un número excesivo de vehículos tratan de acceder a una vía menos ancha de la actual. Por ejemplo, para pasar de una autopista con tres carriles a una con dos.
  • El atasco fantasma. Curiosamente, no necesita ni embotellamiento ni alta densidad de tráfico. Surge cuando un vehículo se pega tanto al de delante que se ve obligado a frenar bruscamente, trasladando esta necesidad a los vehículos que le siguen.

El atasco fantasma, evitable

En 2008 el investigador Yuki Sugiyama demostró este tipo de atasco usado decenas de coches en un circuito cerrado. Su experimento, “atasco sin cuello de botella”, traslada las causas a un conductor impaciente. ¿Hay solución?

Sí, y radica en guardar la distancia de seguridad. Si no se puede, otra forma de evitarlo puede ser colocar el vehículo en el que circulamos a mitad de camino entre el coche de delante y el de detrás. En 2016 William Beatty, de la mano del Wall Street Journal, demostró cómo un único conductor, siguiendo estas normas, podría evitar la formación de atascos.

Años más tarde (2018) un equipo de investigadores con Raphael E. Stern a la cabeza demostró que un solo vehículo autónomo tendría un efecto positivo y evitaría los atascos fantasma, tal y como se habría predicho poco antes, en 2016. La prueba es muy visual.

El embotellamiento no puede evitarse

Por otro lado, tenemos el embotellamiento generado por demasiados vehículos tratando de entrar en una vía en la que no caben a una velocidad moderada. Es cierto que las soluciones autónomas como las de arriba facilitarían el tráfico, y además vehículos autónomos de carsharing con alta ocupación evitarían entre el 50% y el 75% de los vehículos. Pero, aun así, habría atasco. ¿Por qué?

Hemos de visualizar los atascos por embotellamiento como un equilibrio de conductores dispuestos a esperar en una retención. Si se añade un carril, durante semanas no habrá mucho atasco. Esta ha sido la estrategia en muchas ciudades. Sin embargo, esta situación se invierte rápidamente.

Nuevos conductores que antes usaban transporte público, viendo que en coche se llega bien, se animan a conducir. Pese al carril adicional, su llegada paulatina pronto desemboca en atascos como los de antes, disuadiendo a futuros conductores a hacer lo propio.

Lo mismo ocurre si se retira un carril: durante unas semanas habrá atascos monumentales, pero lentamente muchos conductores se decantarán por el transporte público hasta llegar a un equilibrio. Es el resultado del Equilibrio de Nash, que consiste en que cada persona hará lo que más la interese.

¿Hay solución a los atascos?

Lamentablemente, la respuesta a esa pregunta es un enfático no. Carreteras como Katy Freeway (EEUU) han demostrado que sus 26 carriles sirven de poco ante el problema del tráfico: si se añaden más carriles, llegarán más conductores. Pero, si se eliminan, la gente empezará a usar el transporte público.

De ahí que ciudades como Copenhague, San Francisco, Bogotá o Hanóis se decanten por eliminar carriles urbanos y aumentar la peatonalización. Los atascos seguirán existiendo, pero serán de menor intensidad.

Imágenes | iStock/Olga Kurbatova