edificio de las velas de scampia con un estilo arquitectonico brutalista

Las Velas de Scampia: cuando la arquitectura inclusiva se vuelve contra las personas

Autor | M. Martínez Euklidiadas

¿Puede la arquitectura desestabilizar un barrio a nivel social? ¿Juega un papel la forma que tienen los edificios con la presencia del crimen organizado? Las Velas de Scampia (Vele di Scampia en italiano) son la muestra de que es posible influenciar en el comportamiento ciudadano con la arquitectura o, al menos, que esta puede ser usada para propósitos ilícitos con bastante éxito.

Durante los 80 la Camorra logró instalarse en las Velas de Scampia, un por entonces barrio de nueva creación de Nápoles. Un proyecto arquitectónico que irónicamente nació para mejorar las condiciones urbanas de la vivienda pública y con ello la inclusión de los colectivos vulnerables. Hoy sabemos que hay desarrollos urbanos inclusivos afortunadamente mucho mejor desarrollados.

El caso de las Velas de Scampia

Hacia 1960 Nápoles tenía un serio problema con la pobreza. Ubicada en la zona sur de Italia, una zona deprimida en prácticamente todo el siglo XXI, XX y, de momento, principios del XXI. A pesar de su enorme patrimonio artístico, las penurias económicas estaban a la orden del día.

Nápoles necesitaba una reforma urbanística urgente, de la que se hizo cargo el arquitecto y experto en urbanismo Franz Di Salvo. Apoyado en nuevas leyes estatales, Di Salvo diseñó un complejo de viviendas realmente moderno.

Desde 1963 a 1975, años en que las Velas fueron construidas, el proyecto parecía ir bien. Cientos de familias sin hogar fueron reubicadas en estos edificios. Había menos gente pobre en las aceras de Nápoles, finalmente los necesitados tenían vivienda de protección oficial.

El proyecto se vendió internacionalmente como un éxito, pero a la sombra del urbanismo social y las buenas voluntades la corrupción campaba a sus anchas. La estructura descansaba sobre un trampantojo conformado por sobornos. Los cimientos no eran firmes, y el crimen organizado usó cada grieta.

¿Por qué falló este proyecto de desarrollo urbano?

Ningún fallo urbanístico es fruto de un solo factor, y las Velas de Scampia no son una excepción. Tuvieron que darse muchas circunstancias diferentes (de gobierno, urbanísticas, de diseño, sociales) que convirtieron la zona en un polvorín a punto de explotar.

Una mala aplicación de la ley 167

En 1962, unos años antes de construir los edificios, se aprobó una reforma urbanística en Italia de la mano de Fiorentino Sullo. La ley 167 iba a convertirse en una de las mejores políticas urbanísticas en materia de integración social, pero consiguió justo lo contrario. Hoy conocemos el porqué, pero entonces no era tan obvio.

En lugar de construir nuevos edificios y combinar en ellos a población con diferentes estudios, distintos rangos de renta o nacionalidades, el ayuntamiento de Nápoles concentró en estos bloques a miles familias pobres o muy pobres, casi sin recursos. Fueron Viviendas de Protección Oficial, caldo de cultivo para la mafia.

Malversación y ocupación tras el terremoto

Aunque los edificios estaban pensados en primera instancia para unas 40.000 personas, antes incluso de que fueran terminados ya había cerca de 90.000 habitantes, casi una décima parte de todo Nápoles.

Esto se debió a varios factores. El primero, la malversación de fondos públicos que impidió terminar los edificios. El segundo, el terremoto en 1980, que derribó algunas de las viviendas más pobres del resto Nápoles. El resultado fue una migración en masa a las Velas. La Camorra solo tuvo que llegar.

Las pasarelas de las Velas

pasarelas aéreas conectando los edificios de la vela de scalpia

A nivel arquitectónico, las Velas eran inhóspitas para la ley.  En los edificios existían varios pasillos centrales llamados ‘espinas’ que conectaban los pisos a diferentes alturas. La multitud de puntos de conexión entre las viviendas, los pisos y estas pasarelas hacían imposible perseguir a los delincuentes.

Una vez en las Velas, la policía daba por perdido a todo delincuente que consiguiese alcanzar alguna de las edificaciones. A la depresión propia del clima económico del lugar se sumaba una arquitectura poco colaborativa con las autoridades.

Falta de recursos públicos en la zona

Pese a todos los factores previos, las Velas podrían haber tenido su oportunidad. El gobierno estatal o municipal tendría que haber invertido en un cinturón industrial, centros educativos superiores o de formación profesional que diesen salida a la pobreza de la zona.

No fue así, y por desgracia la única salida que encontró la ciudadanía pobre de las Velas fue la delincuencia. Llegados a este punto, el proceso de deterioro era irremediable. Este suburbio de Nápoles había entrado en espiral.

Las influencias de Le Corbusier y Kenzō Tange en Scampia

Las Velas de Scampia no brotaron sin más sobre un lienzo. Para diseñarlas, el arquitecto Franz Di Salvo se inspiró en otros edificios de protección oficial previos, tanto franceses con Le Corbusier como japoneses con Kenzō Tange. De hecho, la estructura triangular se la debemos al primero y las pasarelas interiores —esas que ayudaron a esconderse a la Camorra— al segundo.

Llama la atención cómo edificios idealmente con centros sociales, espacios de juego para los niños, un gigantesco parque, instalaciones comunitarias de todo tipo e incluso una estación de tren público pueden degradarse tanto como para convertirse un imán para la delincuencia. Hoy sabemos que este modelo arquitectónico no es funcional, especialmente no para vivienda pública.

El urbanismo de concentración se ha demostrado excepcionalmente útil a la hora de generar valor al unir talento. Pero lo que ocurrió en los 60 en Nápoles fue justo lo contrario: se apartó a quienes no lo tenían, y se les recluyó en un pequeño gueto no buscado. El urbanismo se convirtió en una barrera más, y la densidad se convirtió en un coste social.

La influencia de la policía en el desarrollo urbano

Las Velas de Scampia, cubiertas de grafiti

Hacer defendible un emplazamiento, incluso a nivel interno, ha sido una preocupación histórica tanto de estrategas militares como de urbanistas. Y la Nápoles de mediados del XX siguió la dinámica de policía de proximidad que siguieron otras ciudades europeas.

A medida que crecían las urbes (Nápoles contaba con cerca de un millón de personas) se hacía necesario distribuir las fuerzas del orden y otro tipo de equipamiento urbano (parques de bomberos, hospitales, escuelas) a lo largo de toda la ciudad. Con respecto a las Velas, la única respuesta viable era situar una comisaría de policía frente a las edificaciones.

El Commissariato Scampia fue levantado en 1987, y desde entonces la presión policial sobre la zona ha sido notable. “Con respeto al Inspector Spina, tenemos que robar o hacer lo que tengamos que hacer”, comentaba un vecino en 2015 en un documental.

Otros se quejaban de la presión policial de la comisaría. Sin competencias laborales básicas, para muchos vecinos la delincuencia menor, como la venta de prendas de ropa y cigarrillos de contrabando, parecía la única salida laboral viable.

Una nueva vida para Scampia

En marzo de 2020, incluso antes de que la COVID-19 hiciese aparición, ya había en la ciudad de Nápoles una tasa de paro muy elevada. Aunque las Velas de Scampia están siendo demolidas, y solo quedará una en pie para el recuerdo, lo cierto es que nuevas mafias y vendedores de drogas se están instalando en el municipio. Están apareciendo los llamados ‘baby boss’.

Uno de los problemas de desestabilizar la estructura superior de la mafia italiana es que esta jerarquía funciona ‘por succión’: todos los mandos ascienden y necesitan nuevos mandos intermedios, que a menudo son jóvenes. Y en las Velas aún viven 200 familias, muchas de las cuales se ven arrastradas a la delincuencia.

Nápoles es una ciudad milenaria. No cabe duda de que sus autoridades han realizado un enorme esfuerzo tanto para purgar la corrupción como para desestabilizar el crimen organizado. Sin embargo, está guerra particular no ha terminado. La presión municipal sobre la criminalidad ha de seguir firme, pero sobre todo, el urbanismo integrador deberá replantarse de una forma mucho más amplia. De lo contrario, Nápoles, con o sin Velas, seguirá sufriendo.

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