¿Una ciudad accesible es también una ciudad económicamente rentable?

Autor | Arantxa Herranz

En 1800, menos del 10 por ciento de las personas vivían en áreas urbanas. Ahora ese dato asciende al 54%. El crecimiento urbano no es igual en todas las partes: ni en ritmo, ni en volumen. Entender las ciudades, las tasas de urbanización, la distribución y la densidad de las personas es importante a la hora de hacer su desarrollo urbanístico y su gestión para evitar la desigualdad y favorecer la accesibilidad.

Cómo se mide la accesibilidad de una ciudad

Para saber si una ciudad es accesible podemos observar diferentes puntos y desde diferentes ópticas, desde físicas a económicas. Un buen ejemplo lo encontramos en el Premio a la Ciudad Accesible otorgado por la Unión Europea, que tiene en cuenta las siguientes áreas:

  • El entorno y los espacios públicos
  • Transporte e infraestructura relacionada
  • Información y comunicación, incluidas las nuevas tecnologías (TIC)
  • Instalaciones y servicios públicos

Es importante tener en cuenta que una ciudad no se vuelve accesible solo al adaptar sus estructuras a todo tipo de personas. La inclusión social también es clave para proporcionar condiciones iguales a sus habitantes. La asignación y distribución de recursos, que van desde el acceso a la vivienda y el transporte hasta la atención médica, la educación y las oportunidades de empleo, también deben tener en cuenta dónde viven las personas con el fin de hacer las ciudades más accesibles a todo tipo de ciudadanos.

De hecho, uno de los objetivos de las Naciones Unidas respecto al desarrollo de las ciudades en todo el mundo es que sean sostenibles y accesibles.

Las ciudades accesibles y sostenibles son económicamente rentables

La buena noticia es que hay diversos estudios que constatan la relación entre la equidad y la fortaleza de las economías. Por ejemplo, Open for Business (alianza de compañías mundiales que abogan por los derechos LGBTQ) tiene un informe que demuestra que las ciudades más inclusivas son mejores para la economía, más competitivas y con mejores resultados financieros. Según sus datos, cada derecho LGBT adicional que suma una sociedad conlleva 300 dólares más del PIB per cápita.

Uno de ellos es “Opportunity for growth” (Oportunidad para el crecimiento). Analizando la conexión entre la inclusión económica y el crecimiento en las áreas metropolitanas de EE.UU., las implicaciones para las empresas y los trabajadores, el informe asegura que las estrategias económicas pueden eliminar las barreras que impiden el crecimiento inclusivo.

Según este informe, las economías metropolitanas crecen más rápido, más fuertes y durante períodos más largos cuando la prosperidad no se limita a unos pocos segmentos de la población. Esto, a su vez, hace que, al ser la economía más dinámica, se generen más empleos y oportunidades económicas para más personas. Es decir, que la inclusión es buena para el crecimiento y el crecimiento es bueno para la inclusión.

Una fortaleza económica que puede usarse para apoyar el desarrollo de la fuerza laboral, la capacitación laboral y las economías redistributivas amplias, de forma que las ciudades sean más inclusivas y accesibles.

Mientras, el estudio “Committing to inclusive growth” (Comprometerse con el crecimiento inclusivo) destaca el papel tan fundamental que las organizaciones de desarrollo económico tienen para estimular el crecimiento inclusivo. Sus datos se basan en la experiencia real llevada a cabo por el Laboratorio de Desarrollo Económico Inclusivo del Programa de Políticas del Metro de Brookings en Indianápolis, Nashville y San Diego para enmarcar el crecimiento inclusivo como un imperativo económico.

Es cierto que, en principio, la accesibilidad no está entre los objetivos de estas organizaciones, que normalmente se centran más en iniciativas de desarrollo económico regional, generando innovación, emprendimiento y realizando esfuerzos para atraer y retener talento. Aunque las preocupaciones por la equidad y la inclusión han recaído en otro grupo de organizaciones sin fines de lucro, todas ellas tienen activos y fortalezas para promover un crecimiento más inclusivo.

Otro informe, “Moving California Forward“, descubrió que algunos beneficios económicos de hacer una ciudad sostenible son un ahorro anual medio para el hogar de hasta 2.000 dólares en transporte y más de mil millones de dólares de ahorro al año en salud pública por la reducción de la contaminación del aire y el uso de automóviles.

Así pues, y en un claro movimiento circular, invertir en el desarrollo de ciudades sostenibles y accesibles no solo genera más riqueza y oportunidades para todos los colectivos, sino que esta prosperidad hace que las ciudades se vuelvan más inclusivas y accesibles y, de nuevo, generen más riqueza y bienestar.

Imágenes | AndreyPopov/iStock, Pixabay, Helena Lopes/Unsplash