RESILIENCIA

Resiliencia emocional, un factor crítico inexplorado

Autor | Eduardo Bravo

La resiliencia es el término utilizado en psicología para referirse a la capacidad de una persona para superar situaciones traumáticas como la muerte de un ser querido, una separación sentimental, un proceso médico grave o una catástrofe. Si bien este concepto se aplica a individuos, también es posible hacerlo en comunidades humanas sometidas a situaciones traumáticas como una guerra o pandemia.

Por la naturaleza del coronavirus SARS-CoV-2, las medidas de los diferentes gobiernos se han centrado principalmente en cuestiones médicas para erradicar la enfermedad y económicas para paliar sus efectos en el tejido industrial, permitiendo así una rápida recuperación superada la pandemia. En este sentido, la urgencia de la situación no ha permitido abordar el aspecto emocional de una coyuntura que, sin duda, tendrá efectos en ese campo por diferentes razones. Desde procesos depresivos provocados por el confinamiento, a las consecuencias derivadas de no poder realizar el proceso de duelo por los fallecimientos debido a las restricciones sanitarias.

Según los expertos, la resiliencia de la sociedad dependerá de la confianza que logren transmitir los gobernantes y del sentimiento de comunidad que sean capaces de generar. Para ello, además de una información clara y transparente, desde las instituciones se han acuñado diferentes lemas para concienciar a la ciudadanía de la importancia de permanecer unidos. Desde «Este virus lo paramos unidos» del gobierno español, al «Aiutiamoci l’un con l’altro. Insieme ce la facciamo» («Ayudémonos los unos a los otros. Juntos lo superaremos») del italiano, pasando por los hashtags «#ArgentinaUnida. #CuidarteEsCuidarnos» del gobierno de Alberto Fernández.

¿Cómo puede el confinamiento cambiar el comportamiento colectivo?

Además, desde la propia ciudadanía han surgido iniciativas espontáneas para generar sentimiento de comunidad. Por ejemplo, las redes de apoyo mutuo que ayudan a las personas dependientes o ancianas a hacer la compra, la salida a los balcones todos los días a las 20 horas para aplaudir a los profesionales de la sanidad pública, los cantos colectivos de temas inspiradores como Resistiré e incluso recurrir al sentido del humor a través de memes y chistes compartidos a través de grupos de WhatsApp.

Internet y las redes sociales también tienen un papel clave a la hora de preparar el camino de ese futuro proceso de resiliencia. Además de informar a tiempo real de la evolución de la pandemia, estas herramientas están haciendo llevaderas las restricciones a la movilidad al tiempo que generan comunidad. En las últimas semanas, editoriales, productoras, empresas de videojuegos y organismos públicos han liberado películas, discos, cursos y libros. Unos materiales de uso gratuito que, en ocasiones, se comentan por Twitter a tiempo real y crean experiencias compartidas que fortalecen la comunidad.

Aunque puedan resultar anecdóticas, estas iniciativas culturales resultan de gran importancia en ciudades en las que por cuestiones históricas no se han podido implementar algunas de las innovaciones de las ciudades inteligentes. Núcleos urbanos en los que muchas residencias están situadas en calles estrechas, con poca luminosidad o sin zonas verdes a la vista y en los que las viviendas tiene unas dimensiones demasiado reducidas para sobrellevar en familia situaciones de confinamiento como las actuales.

De este modo, cualquier iniciativa que sirva para evadirse puntualmente del problema resultará útil para el proceso de resiliencia siempre que no se busque con ello ocultar la gravedad de la situación. Una de las claves de la resiliencia es justamente hacerse cargo de las dificultades para superar el problema y, llegado el caso, lograr uno de los tres tipos de resiliencias más comunes: mantener la integridad; regresar a la situación original de la que se partió y, la más ambiciosa, salir del proceso reforzados como sociedad.

Imágenes | BobDmyt Anemone123 LoboStudioHamburg Pexels