Necesitamos mirar los campos de refugiados como espacios urbanos

Autor | Anna Solana

Entrevistamos a Kilian Kleinschmidt, una de las autoridades líderes mundiales en ayuda humanitaria, fundador de Switxboard y exgerente de uno de los campos de refugiados más grandes de Siria.

Kilian es una de las autoridades líderes mundiales en ayuda humanitaria y está convencido de que la tecnología le está dando a los más pobres la posibilidad de progresar. Kilian Kleinschmidt (53) trabajó 25 años para las Naciones Unidas y para la Alta Comisión de Refugiados de las Naciones Unidas en varios campos y operaciones por todo el mundo. En 2014 empezó su propia consultoría de ayuda, Switxboard, un proyecto de conectividad para “democratizar el acceso al saber hacer general”. Además, cree que “el elemento humano debe mantenerse”.

¿Qué es lo que más deseas al comenzar el día?

Intento, básicamente, resolver logísticas. Creo que hay una respuesta para la mayoría de problemas a los que nos enfrentamos. La movilidad es parte de nuestro mundo y yo intento dirigirla. Las razones por las que hoy en día existen desplazados son mucho más complejas que las que se previeron en la Convención de 1951.

¿Cómo podemos apoyar a las personas que han sido desplazadas?

Existen 21 millones de refugiados y 40 millones de personas internamente desplazadas en todo el mundo que necesitan solidaridad, pero eso es solo una pequeña proporción de todas las personas que se mueven. Las personas se trasladan debido a la pobreza extrema, el cambio climático y muy pocos forman parte de la privilegiada comunidad de movilidad. Se trata de volver a los principios básicos. Somos un solo mundo y algunos de nosotros han tenido más suerte que otros. Además, la solidaridad global es crucial ya que algunos se han beneficiado enormemente de los recursos de otros.

¿Crees que los ciudadanos están concienciados de este problema en particular en un escenario con crecientes desigualdades en el mundo desarrollado?

Es la realidad. No puedes excluir a personas porque estén demasiado lejos. Ese es el precio que tenemos que pagar por un mundo globalizado. La gente siente miedo, cabreo y compasión al mismo tiempo. De hecho, nunca hemos tenido más personas movilizadas de las que hay ahora mismo. En ese sentido, no es una mala época. Además, podemos intentar nuevas estrategias. Las metas sobre desarrollo sostenible no son una fantasía socialista, tienen que darse para que todos sobrevivamos.

En este sentido, reclamas que la caridad del siglo XX necesita sustituirse por conectividad en el siglo XXI… ¿Qué necesitamos para que esto sea una realidad?

De acuerdo con el informe de la ITU de 2015 sobre conectividad global, la proporción de población global con teléfono móvil es más del 95%. Todavía la conectividad no es perfecta. Estamos empezando a redistribuir recursos y desarrollar tecnologías increíbles. África es un ejemplo perfecto. Hay 700 millones de teléfonos móviles y el número no deja de crecer. Nairobi ha estado trabajando en un par de proyectos relacionados con la conectividad telefónica. Existen también algunas búsquedas en marcha y proyectos para facilitar vacunas usando drones.
La gente quiere poder cuidarse a sí misma y no tener que depender de la ayuda externa. Con estas tecnologías, tienen posibilidad de progresar. La conectividad y el acceso al conocimiento es la única oportunidad para disminuir la diferencia entre ricos y pobres. Así mismo, el progreso del Internet de las Cosas se espera que impacte en casi todos los sectores sociales y económicos, incluidos educación y salud. Hay 16 billones de máquinas conectadas hoy en día y se espera que se usen 40 billones de aquí a 5 años. La nueva generación de tecnología, incluido el proceso y análisis de datos, puede darnos muchas oportunidades si la democratizamos.

La gente necesita tener acceso a la tecnología y ser capaces de usarla. ¿Cómo podemos promover este tipo de iniciativas cuando los gobiernos piensan en los campos de refugiados como espacios temporales?

Existe una gran necesidad de cambiar la manera en que miramos los campamentos. No son lugares de almacenamiento, son espacios para vivir. De media, un refugiado pasa entre 17-20 años desplazado, según las Naciones Unidas. Es toda una generación. Debemos mirar los campos como espacios para vivir y dejar de ver a los refugiados como víctimas indefensas. Haciendo esto, evitamos que esta gente piense que vive en un limbo, esperando a que suceda algo. Contribuimos a disminuir las tensiones y promover la reconstrucción de las sociedades. Esta situación ofrece oportunidades para el cambio. Tenemos que mirar los campos de refugiados como espacios urbanos e invertir en estructuras que hagan de estos, lugares sostenibles e independientes de ayuda, en lugar de malgastar dinero en iniciativas no sostenibles. La lógica nos lleva a un desarrollo de las ciudades unido a una inversión social y sostenible y a una prestación de servicio.

En 2014 comenzaste tu propia consultoría de ayuda para construir un puente entre aquellos que tienen el conocimiento, la tecnología y los recursos financieros y aquellos que no lo tienen. ¿Qué proyectos tienes en marcha?

Switxboard es un proyecto de conectividad global. Debería convertirse en una herramienta de inteligencia artificial con un elemento humano, capaz de conectar los recursos con las tecnologías, la capacidades de la población con sus necesidades, como un Tinder humanitario o algo así. Ya estamos trabajando en tecnologías disruptivas como por ejemplo Open Ware FabLabs, un creador de espacios de alta tecnología diseñado para unir refugiados, startups y comunidades para co-crear soluciones innovadoras; o un concepto llamado Refugee Open Cities para transformar campos de refugiados en ciudades inclusivas, paredes de literas en espacios para crear y casas de emergencia en entornos para vivir auto sostenibles. Estos son solo un par de ejemplos. Tenemos que romper con la idea de que si eres pobre, lo único que puedes hacer es intentar sobrevivir. El proyecto Swixboard lidera la construcción de la corporación más grande del mundo sin sede ni jerarquía. La organización del futuro está formada por millones de pequeñas unidades que se juntan dónde y cuándo lo necesitan.

¿En qué clase de ciudad/lugar te gustaría vivir dentro de 20 años?

En unos pocos años, el 75% de la población vivirá en ciudades. El movimiento hacia las ciudades es imparable, pero la mayoría de ellas no están bien gestionadas todavía. Así que tenemos que invertir en una mejor gestión de los espacios urbanos ya que para las personas su ciudad o pueblos es incluso más importante que su Estado. Y en cuanto a mí, me gustaría vivir fuera de las ciudades grandes y visitarlas solamente de vez en cuando.

¿Puede un congreso como SCEWC ayudar al desarrollo de ciudades más inteligentes y resistentes capaces de lidiar con la crisis?

Darse una vuelta por SCEWC y ver toda la tecnología inteligente que tienen es alucinante pero yo me centraría en la gestión y en la participación inclusiva de esta. De hecho, creo que es crucial no pensar en inteligencia solamente en términos tecnológicos.

Imagen | Kilian Kleinschmidt, Networker Global y fundador de Switxboard.