Integración forzada: cómo Singapur evita la segregación étnica dentro de sus barrios

Autor | M. Martinez

Singapur logra evitar la segregación étnica a pesar de que en su reducido territorio conviven las etnias han de origen chino (74%-77%), los malayos autóctonos de la zona (14%) y los hindúes herederos de la migración india de 1819 (8-9%); además de tres idiomas (mandarín, tamil y malayo) salpicados por el inglés y la cultura heredada de haber sido dos veces colonia británica (1826-1942 y 1945-1963).

Cuando en 1963 se une junto a Malaya, Singapur, Sabah y Sarawak para formar la Federación de Malasia, la tensión étnica se dispara. Poco después obtendría su independencia definitiva, pero las luchas internas por el poder de un país que para más inri llegó a ser ocupado por Japón y se vio envuelto en dos guerras (una de insurgencia, otra mundial) amenazaban con plantar una bomba de relojería. Afortunadamente, el joven país logró desactivarla a tiempo.

¿Qué es la integración étnica y en qué consiste?

El proceso de integración étnica consiste en una mecánica que permite que varias etnias sean capaces de convivir en paz y generar relaciones interdependientes y, si es posible, de afecto entre sí. Por supuesto, no existe un único mecanismo para abordar este punto y cada país opta por un sistema.

  • En el modelo de asimilación (Alemania, Francia) los foráneos se integran en la cultura (legal) predominante.
  • En el modelo crisol de culturas [melting pot] (la España de las tres culturas en Al-Ándalus o el modelo latinoamericano), existe una tolerancia tácita aunque no una mezcla formal de etnias.
  • El modelo pluralismo cultural (Reino Unido) se basa en el reconocimiento étnico por ley.
  • Finalmente, en el multiculturalismo se legisla aludiendo a que existe una gran diferencia etnocultural (Australia).

¿Puede forzarse la integración étnica?

gente caminando en una plaza de singapur

La integración étnica requiere siempre de políticas firmes de apoyo. En general, los modelos basados en la pasividad política o el no reconocimiento étnico a la espera de que todo vaya bien tienden a generar tensiones sociales que se manifiestan en forma de guetos (París), discriminación racial y étnica (Charlottesville), y de forma más aguda, situaciones de persecución abierta, ya sea bajo el amparo de la ley local (el apartheid sudafricano) o fuera de ella pero con el consentimiento tácito de las autoridades (pogromos de Europa del este).

Dicho de otra forma, por defecto es extraordinariamente difícil que surja una integración estable. Los humanos nos caracterizamos por aproximarnos a lo que consideramos cercano, y esto incluye la etnia. Además, nos alejamos e incluso tememos lo ‘extraño’, motivo por el cual empiezan y se intensifican los conflictos entre o hacia etnias.

Singapur, caso de estudio por su política de integración étnica

Cartel en cinco idiomas a la puerta de una mezquita en Singapur.

El modelo de integración forzada étnico-cultural de Singapur merece una clasificación aparte por su particular situación, que se realiza a través de cuotas que evitan la segregación de tres etnias o idiomas totalmente diferentes, una decena de religiones, cuatro países de origen ‘mayoritarios’ y un emplazamiento físico formado por un archipiélago con 63 islas que, de entrada, nunca ha sido fácil de gobernar.

Ni siquiera la etnia han está unida. Desde hace décadas hay roces culturales entre los han singapurenses nacidos en el archipiélago y los “mainlanders”, chinos continentales que emigran a Singapur con la cultura de la administración de la China continental. Para evitar conflictos y aislamiento étnico (Singapur es la ciudad más segura del mundo según Gallup) las cuotas son obligatorias.

Así, encontramos que el reparto de pisos de protección oficial se realiza en base a dichas cuotas, y será imposible encontrar un bloque de pisos en el que el porcentaje de chinos, hindúes y malayos dé preferencia a alguno de los grupos (con respecto a la población del país). Y puesto que la construcción y propiedad de la vivienda están fuertemente reguladas dada la falta de espacio en la isla, es muy difícil escapar del sistema. Estas cuotas, asimismo, se aplican en la propia administración, en los negocios e incluso en algunas actividades como el ocio.

Hasta la fecha, el sistema ha sido un éxito que ha evitado casi cualquier muestra de segregación. Sin embargo, el modelo depende de un sistema de vigilancia, castigos y represión con tintes orwellianos sin el cual resulta inviable su implantación. Nos encontramos así ante una sociedad que paradójicamente, renuncia voluntariamente a ciertas libertades relacionadas con la forma en la que se relacionan sus ciudadanos para garantizar su convivencia.

¿Funcionarían las políticas de integración de Singapur en el exterior?

El caso de Singapur es tan particular por sus características que muchos investigadores dudan de si el modelo es viable en otros países sin recurrir a medidas éticamente inaceptables para algunas democracias, como es la implantación de la pena de muerte, la limitación de la libertad de prensa o la política de partido único (el Partido de Acción Popular gobierna desde 1959).

Además, en el archipiélago se hablan cuatro idiomas, pero estos se hablan también de forma generalizada fuera de sus fronteras. Es una ventaja para sus hablantes singapurenses, que les ayuda a presionar por conservar su cultura, pero que no existen en otros países. Pensemos en el bretón, el romanche, el euskera, el faroés, etcétera, que son minoría en su país y también en el mundo.

Uno de los artículos más interesantes al respecto lo escribió en 2016 Tom Benner. En Singapore’s Road to Multiculturalism se puede leer cómo las cuotas étnicas de distribución de servicios públicos (como la vivienda) ayudarían a etnias desfavorecidas en otros países. Sin embargo, en la práctica esto puede resultar extremadamente complejo y difícil de ejecutar.

Primero, porque no todas las personas construyen su identidad sobre la etnia y, segundo pero más importante, las etnias no son recipientes estancos con barreras en sus contornos, sino un continuum de experiencias culturales que escapa al control de las personas que los portan. Esta situación plantea una serie de preguntas de difícil respuesta: ¿A qué cuota pertenece el hijo de un mainlander y una hindú? ¿Qué hacemos con un nacido han que abraza la cultura musulmana? ¿A qué cuota va un chino singapurense que reniega de sus orígenes? ¿Pertenece a la etnia han el hijo de este último si no se crio en su cultura? Cuestiones tremendamente complejas pero que por ahora no parecen lastrar el desarrollo social de la ciudad-estado.

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