Sonia Roitman, experta en barrios cerrados y exclusión social: “Las urbanizaciones cerradas perjudican a la ciudad y a la sociedad”

Autor | Eduardo Bravo

Después de formarse y trabajar en instituciones educativas como University College London, School of African and Oriental Studies, Free University Berlin, Universidad Nacional de Cuyo, Consejo Nacional de Ciencia y Técnica de Argentina o la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable del Gobierno de Mendoza, en 2013 Sonia Roitman se incorporó a la Universidad de Queensland, en Australia en donde trabaja como docente e investigadora.

Sus proyectos de investigación giran alrededor del análisis de las desigualdades sociales urbanas, a través del cual intenta explicar cómo se manifiestan y reproducen las desigualdades en las ciudades por asuntos tan diversos como las políticas de vivienda, la propiedad de la tierra, los asentamientos informales, la disponibilidad de las infraestructuras o el impacto de las comunidades cerradas. 

¿Qué factores definen una urbanización cerrada?

No existe una definición unívoca sobre «barrios cerrados» o «urbanizaciones cerradas». Pero sí hay elementos concretos que las caracterizan. En primer lugar se trata de complejos residenciales que están cerrados por muros perimetrales, barreras, rejas y que restringen el acceso a partir del uso de dispositivos de seguridad (barreras, guardias de seguridad, cámaras de seguridad).

En la mayoría de los casos cuentan con servicios e infraestructura de calidad que incluyen parques, lugares para la recreación y deportes, y en general un salón de uso comunitario (clubhouse). Los residentes deben pagar una cuota de mantenimiento de estos servicios, lo que hace que no sea siempre económicamente accesible vivir en estos complejos y por lo tanto sus residentes son en general de clase media y media alta. Hay también un «gobierno propio», es decir un comité, generalmente conformado por representantes de los/as residentes, que toma decisiones y regula a través de un reglamento interno la vida dentro de estos complejos residenciales.

En general hay más urbanizaciones cerradas en zonas suburbanas porque demandan una extensión de tierra considerable, que es más difícil de conseguir y más caro en las zonas urbanas centrales.

¿Son un fenómeno moderno o existen desde hace tiempo?

La ciudad «blindada» y «amurallada» existe desde la Edad Media. Y los seres humanos en todas las épocas han desarrollado estrategias para «defenderse». Es lo que algunos llaman el «urbanismo defensivo». Lo que es nuevo en el caso de las urbanizaciones cerradas es que aparecen como un tipo de hábitat residencial buscado por algunos grupos sociales en los 80, o 90, depende de la región.

¿Por qué cobran fuerza en esa época? Esto tiene que ver con valores sociales y esa fue, y aun es, una época en la que predominan fuertemente valores individualistas y conservadores del «sálvense quien pueda» y donde las diferencias sociales ya sean económicas, raciales o religiosas, son vistas por muchas personas como algo negativo y amenazador de lo que se busca protegerse.

¿Puede haber comunidades cerradas sin esos elementos arquitectónicos, pero con factores más sutiles de segregación?

En primer lugar hay que distinguir comunidades cerradas de urbanizaciones cerradas. En el caso de las urbanizaciones cerradas, su característica principal es el elemento físico de cierre perimetral, que hace que el acceso se restrinja y se distinga claramente entre aquellas personas que pueden entrar y aquellas que no. Puede haber algunas urbanizaciones cerradas en donde este elemento físico sea más sutil, logrado a través de la ubicación geográfica. Por ejemplo, una vez visité una urbanización cerrada en una ciudad asiática a la que se accedía solamente a través de un túnel con peaje y guardias de seguridad porque quedaba en una isla. En la isla no había cierres perimetrales porque no eran necesarios.

¿Hay determinados países en los que sean más habituales este tipo de construcciones o pueden encontrarse en todo el mundo?

Hay urbanizaciones cerradas en casi todo el mundo, pero hay ciudades o regiones donde son un elemento más significativo en el paisaje urbano. Esto tiene que ver, por un lado, con valores sociales, como dije antes, y también con la actitud que toma el gobierno local frente a este tipo de hábitat residencial. Hay gobiernos que son «pro» urbanizaciones cerradas y otros «anti». En algunos casos se podría hablar de cierta correspondencia entre mayor inequidad social y mayor número de urbanizaciones cerradas. Pero esta relación es mucho más compleja.

¿Por qué la gente querría vivir en urbanizaciones cerradas?

La primera razón por la que alguna gente busca vivir en urbanizaciones cerradas es la seguridad. Se trata de gente que siente miedo en la ciudad y busca protegerse en este tipo residencial. Una respuesta muy común es: «quiero que mis hijos jueguen en la calle libremente». También hay gente que busca tener acceso a infraestructura y equipamiento urbano de buena calidad, por ejemplo, lugares para practicar deportes, espacios verdes seguros y cuidados, áreas sin contaminación sonora o del aire.

Además de estas razones, también muchas urbanizaciones cerradas son elementos de distinción social y este es un elemento muy importante para algunas familias. Se trata de mostrar que son parte de los triunfadores y los que tienen buenas conexiones sociales. De esta manera también se busca la distancia social con aquellas personas que pertenecen a grupos sociales vistos negativamente como, por ejemplo, pobres, delincuentes, negros o latinos.

¿Quiénes son los promotores de este tipo de complejos residenciales?

En primer lugar el sector privado, los desarrolladores urbanos o promotores inmobiliarios quienes venden este tipo residencial como un lugar «idílico» donde las familias viven en paz y relajadas y donde en algunos casos parecería que se vive una realidad muy diferente a la de la ciudad abierta. Y lo han hecho muy bien. Incluso en algunas ciudades resulta muy difícil para una familia de clase media o media alta que quiere comprar una vivienda, encontrar una alternativa fuera de las viviendas dentro de urbanizaciones cerradas.

Además, el gobierno municipal, quien da los permisos de construcción y permite nuevas urbanizaciones cerradas, es un importante impulsor de este tipo residencial. Hay ciudades donde este tipo de vivienda es priorizado porque en cierta forma desliga al gobierno de hacerse cargo del servicio y mantenimiento de los lugares dentro del perímetro, por ejemplo, de la seguridad y de los espacios verdes. En algunos lugares, pero no siempre, también generan impuestos municipales más altos, pero esto depende de la estructura tributaria de cada país.

Las urbanizaciones cerradas acostumbran a tener reglas propias. ¿Es esto compatible con las leyes de la ciudad?

La mayoría de las urbanizaciones cerradas cuentan con un reglamento interno que rige la vida diaria de los individuos y establece normas sociales y edilicias, establece qué se puede hacer y que no. Por ejemplo, reglas sobre el diseño de las viviendas, los horarios para realizar eventos sociales y las normas que se deben cumplir si hay gente «no residente» que accede a la urbanización cerrada, la velocidad permitida en las calles, el número de mascotas que se permite y varias cosas más. Es decir, es una vida más reglada y controlada, porque el control es un elemento fundamental de este tipo residencial. Muchas de estas normas avanzan sobre la libertad individual y para algunas personas sería imposible permitirlas. Otras personas se habitúan a ellas sin inconveniente, o simplemente priorizan la seguridad personal o la distinción social.

En algunos casos puede haber incompatibilidad con las leyes de la ciudad, que aplican a todos y todas las ciudadanas. Por ejemplo, en muchas urbanizaciones está permitido a menores de edad que conduzcan vehículos, sobre todo «cuadriciclos» o «carros de golf». Esto no está permitido en la «ciudad abierta» y el problema se plantea cuando hay accidentes de tránsito dentro de la urbanización cerrada. ¿Cuáles son las leyes que deben priorizarse?

control de acceso a un barrio cerrado

¿Qué relaciones se establecen entre los habitantes del complejo cerrado y los del resto de la ciudad? ¿Se limitan a relaciones desiguales entre empleados y empleador?

Esto es muy variado y depende de los distintos tipos de urbanizaciones cerradas. Por ejemplo, en aquellas de gran tamaño que cuentan con importante equipamiento urbano e incluso servicios de salud, educación o comercios, hay muchos residentes que viven muy endogámicamente, es decir hacen la mayoría de sus actividades dentro del barrio y con gente que vive dentro. Tienen muy poco contacto con «el afuera». No se enteran de lo que pasa en otras zonas de la ciudad, ni las utilizan.

Hay otros casos en los que los residentes no cuentan con muchos servicios dentro y por lo tanto tienen que salir a la ciudad abierta para realizar sus actividades escolares, de trabajo, de socialización, de recreación y, por lo tanto, tienen interacciones sociales con gente que vive en otros lugares. De todas formas hay que mencionar que según sea el tamaño de las urbanizaciones cerradas, puede haber casos de gente que sale de su barrio privado, solo para ir a otro, o ir a un centro comercial, pero no para usar la ciudad abierta. En general las relaciones sociales se establecen en su mayoría entre iguales y esta igualdad tiene que ver fundamentalmente con el nivel socioeconómico.

Por esto, en muchos casos las relaciones con gente de otros grupos sociales sólo se dan en realizaciones jerárquicas, por ejemplo con empleados de seguridad, con empleadas domésticas, con los proveedores de servicios de jardinería, construcción, etcétera.

¿Se puede dar la paradoja de que las personas pertenecientes al gobierno de la ciudad prefieran residir en esas comunidades cerradas? ¿Hasta qué punto puede afectar en la gobernanza que las autoridades de una ciudad residan en una comunidad cerrada?

Hay políticos o personas que están en el gobierno que viven en urbanizaciones cerradas. Cada persona puede decidir dónde vivir y esto no tiene que interferir en su trabajo. Creo que es importante que los gobernantes prioricen lo público y, por ende, entiendan que es importante que la ciudad abierta brinde equipamiento urbano e infraestructura de buena calidad que esté disponible para todas y todos los ciudadanos, independientemente de donde vivan. Si la ciudad abierta es de buena calidad y ofrece áreas de esparcimiento, de servicios, de trabajo, de vivienda, entonces la gente va a tener menos motivos por los cuales elegir la ciudad privada.

¿Cómo se conjuga el que los Barrios Cerrados tengan en su interior espacios públicos como calles o parques pero de uso privativo?

Este es uno de los mayores problemas con las urbanizaciones cerradas. En general los promotores urbanos deben «donar» o «entregar» las calles al municipio una vez que las viviendas han sido finalizadas. Es decir, las calles y parques son públicos, pero debido al cierre perimetral, su acceso y uso está restringido. Algunas personas argumentan que esto va contra las normas constitucionales y es algo muy complejo de abordar. Se trata de un vacío legal en cierta forma. Si hay un accidente de tránsito y muere una persona ¿quién tiene responsabilidad de manejar este caso?, ¿el municipio o el comité/gobierno del barrio cerrado?

En algunos casos hay municipios que han creado normativa ad hoc para aclarar estos vacíos legales y establecer claramente las responsabilidades legales. En algunos casos hay muchos problemas relacionados al acceso de servicios de emergencia como ambulancias, policías o bomberos, que deben seguir los protocolos de seguridad del barrio, lo que dificulta enormemente su labor.

barrio cerrado

¿Beneficia o perjudica de alguna manera a la ciudad que existan esas urbanizaciones cerradas?

Las urbanizaciones cerradas pueden beneficiar a las familias que viven ahí, al brindar seguridad o espacios de recreación de calidad. Pero perjudican a la ciudad y a la sociedad en general porque privatizan el espacio público al restringir su uso, generan obstáculos urbanos en la ciudad, hacen más evidentes las diferencias sociales y provocan una clara división entre aquellas personas que pertenecen y las que no y, fundamentalmente, promueven la idea de que lo privado es mejor que lo público.

No todas las personas tienen acceso a lo privado y esto se torna inequitativo y discriminatorio. Debemos construir ciudades abiertas, democráticas y equitativas que brinden servicios y condiciones de habitabilidad para todas y todos y no excluyan. La diversidad es un elemento esencial en las ciudades que enriquece nuestra vida. Las diferencias deben verse como algo positivo y no como algo que queremos evitar o de lo que nos protegemos.

Una urbanización cerrada es más sencilla de gestionar que una gran ciudad. ¿Podrían ser la solución para las ciudades del futuro o el futuro de las ciudades pasa por estructuras abiertas?

A nivel colectivo representan más problemas que soluciones y creo que es mejor priorizar el desarrollo de espacios urbanos abiertos de calidad, donde el acceso y el uso no esté restringido, donde sea más igualitario y donde las diferencias sociales sean entendidas como algo positivo, que enriquece a las ciudades y no como algo amenazador.

Imágenes | Thanhhoa Tra, Stefania SerbanescuArtem BeliaikinTravis Saylor, Sonia Roitman