Desplazamientos forzados: otra consecuencia del cambio climático en las ciudades

Autor | Tania Alonso

Aunque todavía no copan los titulares, los migrantes están llamados a convertirse en una de las caras más visibles del cambio climático. Personas que abandonarán o incluso ya abandonan sus hogares porque ven limitado su sustento vital debido a desastres naturales o cambios graduales en su entorno.

Muchas de estas personas se trasladan de zonas rurales a otras urbanas, en donde tienen más posibilidades de encontrar un empleo. Otras deben abandonar las propias ciudades, en donde las condiciones de vida se complican. En ambos casos, sus desplazamientos generarán desigualdades y cambios estructurales en los territorios.

Movimientos internos

barcas en un río seco

Ciclones, lluvias torrenciales, incendios o sequías prolongadas suponen un desafío para los habitantes de gran parte del planeta. Problemas puntuales, como las inundaciones, limitan el acceso al agua potable y producen importantes deterioros en infraestructuras y propiedades privadas. Otros impactan de forma más gradual. Es el caso de las sequías, por ejemplo, que acaban poco a poco con las cosechas y las reservas de agua potable.

En muchos casos, la única solución para hacer frente a la adversidad es desplazarse. Según la Agencia de la ONU para los refugiados, la mayoría de los desplazamientos provocados por el cambio climático son internos, no transfronterizos. Es decir, que aquellas personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares se trasladan a otros puntos de su mismo país en donde tienen más posibilidades de encontrar un empleo, una vivienda digna y (aunque no siempre es posible) escolarización para sus hijos.

“En la temporada de siembra, no llovía, y cuando no lo queríamos, llovía. Esto creó sequía, y yo no quería sufrir más esta situación. Quería probar suerte en la ciudad, así que vine a Awasa”, señala Wolde Danse, de Etiopía. Su testimonio se recoge en el informe ‘Groundswell: Preparing for Internal Climate Migration’, elaborado por el Banco Mundial.

El informe recalca que el cambio climático afectará a “las personas más pobres de los países más pobres”, que se desplazarán, en gran medida, de las regiones rurales a las áreas urbanas, cada vez más sobrecargadas.

Los desafíos en la ciudad

La migración a zonas urbanas y periurbanas supone un desafío para los dirigentes de las ciudades. Para acoger a un creciente número de personas es necesario mejorar y ampliar las infraestructuras de vivienda y transporte, los servicios sociales y generar empleo.

Una de las principales dificultades radica en que estas migraciones se dan sobre todo en países en vías de desarrollo. Según datos de la ONU, para el año 2050, el cambio climático podría desplazar a 140 millones de personas dentro de sus países solamente en África subsahariana, el sur de Asia y América Latina (regiones que representan el 55% de la población del mundo en desarrollo, recalcan en el informe del Banco Mundial).

Otra de las dificultades radica en las dificultades de adaptación a un nuevo entorno que tienen las poblaciones más vulnerables. En muchos casos, personas que han perdido todas sus pertenencias en un desastre natural o se han mudado cuando ya no les quedaba otro recurso.

Los riesgos de no integrar a esta población en las ciudades pueden derivar en la creación de viviendas en asentamientos no planificados o sin servicios, la marginación y el aumento de la pobreza, en general. Esta población sigue estando especialmente expuesta a los efectos del cambio climático, que por supuesto afecta también a las ciudades. Sobre todo, a aquellas que se levantan en la línea de la costa, ya que el aumento del nivel del mar aumenta el riesgo de que se produzcan tsunamis e inundaciones.

Ejemplos sobre el mapa

En 2017, 18,8 millones de personas fueron desplazadas debido a desastres en 135 países, casi el doble del número de desplazados por conflictos. Filipinas, debido a numerosos tifones, Chad, por la desertificación y la sequía, o Mozambique, tras el ciclón Idai, fueron algunos de los países en los que se dio más movimiento poblacional.

Se estima que este número se incremente en los próximos años si no se limita el aumento de las temperaturas. Una de las regiones más afectadas puede ser el cuerno de África. En Etiopía, por ejemplo, la poca disponibilidad de agua y el menor rendimiento de los cultivos provocarán numerosas migraciones. Incluso su ciudad más grande, Addis Ababa, podría ver un crecimiento más lento de lo esperado, señalan en el informe ‘Groundswell: Preparing for Internal Climate Migration’. En un país en el que la productividad agrícola disminuirá debido al impacto climático, será necesario optar por una economía más diversificada.

Otras ciudades que también podrían ver un crecimiento demográfico lento son Daca (Bangladés) y Dar es Salaam (Tanzania). En ambos casos, debido al aumento del nivel del mar y las marejadas ciclónicas.

asentamiento informal en una ciudad

Otras zonas en las que el clima está siendo más benevolente verán crecer su población. El informe del Banco Mundial pone como ejemplo Bangalore y Chennai (la India), Ciudad de Guatemala (Guatemala) y Nairobi (Kenia).

En ambos casos, se espera que el nivel de migraciones aumente significativamente en 2030 y, de no verse mejoras para frenar el cambio climático, todavía más en 2050. Sin embargo, señalan los expertos tras el informe, estas migraciones internas no tienen por qué terminar en crisis. De tomarse medidas, podría reducirse el impacto en estas tres áreas.

Frenar el cambio climático

Las migraciones forzadas son solo una consecuencia más del cambio climático, que genera cada año pérdidas económicas, hambre e incluso la muerte de miles de personas. Motivos por los que urge encontrar una solución y frenar nuestro impacto en el medioambiente, siguiendo las medidas presentadas en el ‘Acuerdo de París’.

“Un aumento de solo 1,5 °C en lugar de 2°C podría significar reducir hasta 457 millones el número de personas vulnerables a los riesgos relacionados con el clima, rebajar en diez millones las personas expuestas al riesgo de aumento del nivel del mar; frenar la exposición a inundaciones, sequías e incendios forestales; limitar el daño a los ecosistemas y reducciones en alimentos y ganado; reducir a la mitad el número de personas expuestas a la escasez de agua; e impedir hasta 190 millones de muertes prematuras a lo largo del siglo”, señala el relator de la ONU Philip Alston.

Una responsabilidad que corresponde sobre todo a la mitad norte del planeta. La que más ha contribuido al cambio climático, teniendo en cuenta las emisiones de carbono, y la que, previsiblemente, sea la que menos sufra las consecuencias de manera inmediata. Sin embargo, los países más desarrollados son también los que tienen más capacidad de adaptación y reacción para poner fin a este problema de dimensiones globales.

Hacerlo es fundamental para garantizar un desarrollo sostenible y sano en las ciudades, que a mitad de siglo pueden llegar a acoger dos tercios de la población mundial.

Imágenes | Delaney Turner, Toomas Tartes, K15 Photos, Chester Ho