la ciudad de los adolescentes

¿Cómo es la ciudad que desean los adolescentes? Entre un futuro tecnológico y la necesidad de límites

Autor | Diana Pardo

Sostenibilidad, optimización tecnológica y necesidad de límites son tres de los factores por los que apuestan los jóvenes para las ciudades del presente/futuro. La población mundial crece a un ritmo acelerado al igual que también lo hace la esperanza de vida. Es una realidad que la tendencia de la población mundial se dirige a los núcleos urbanos, por lo que se hace totalmente necesario tomar ciertas medidas que garanticen la supervivencia y calidad de vida de sus habitantes.

Hacer un uso eficiente y responsable de los recursos energéticos, dinamizar los espacios públicos, utilizar las TIC e introducir espacios verdes en las ciudades son algunos de los elementos por los que apuesta la población más joven. Resulta por tanto obvio que para poder sacar provecho de todo su ingenio y creatividad, es fundamental que se produzca una transformación en el sistema educativo que potencie estas aptitudes y se adapte a la nueva era del conocimiento.

Iniciativas juveniles para una ciudad tecnológica y sostenible

la ciudad de los adolescentes

Cada vez son más los proyectos en los que se solicita la colaboración de adolescentes y universitarios para escuchar sus propuestas sobre cómo serían las ciudades en las que les gustaría vivir. Después de todo, la población joven supone no solo el músculo laboral de las ciudades, sino también el futuro de su sostenibilidad y la chispa creativa de sus economías. En este sentido, eventos como el blue BBVA Challenge identifican pautas e intereses bien definidos, pudiendo destacar tres ideas que van más allá de lo simplemente “verde”.

Generación de energía orgánica

Las personas somos una gran fuente de energía que nos movemos de aquí para allá desaprovechando este recurso. Una de las propuestas de los jóvenes es colocar pavimentos inteligentes en las principales urbes que absorban el impacto de todos los pasos y lo transformen en energía. Cada año cuatro millones y medio de personas visitan la Sagrada Familia en Barcelona, 17 millones son los turistas anuales que recibe Londres y 65 millones la ciudad de Nueva York.

¿Cuánta energía podrían producir los transeúntes? Puede que no la suficiente para alimentar las luces de un estadio, pero sí para mantener sistemas de infraestructura pasivos y de bajo consumo. Una interesante propuesta que contribuiría a la eficiencia energética y sostenibilidad.

Huertos urbanos ecológicos

Si la tendencia de la población mundial es abandonar el rural para asentarse en la ciudad, resulta evidente la necesidad de incrementar el volumen de zonas verdes no solo para el ocio y deporte sino también para la producción de alimentos. En la mayor parte de los países existen miles de solares en venta de los cuáles la mayoría se sitúan en las ciudades. La idea es que los propietarios de los solares cedan este terreno mientras no decidan o consigan venderlo.

Si bien el concepto general de huerto urbano tiene poco de novedoso, el giro propuesto por ShareUHort, que es el nombre que recibe esta idea, contempla un aliciente enconómico al bonificar este uso de los terrenos mientras estén desocupados. La creación de huertos urbanos ecológicos contribuiría además a un mejor aprovechamiento del agua de lluvia y de los residuos orgánicos que se generan los hogares, lidiando así a gran escala con dos problemas a los que se enfrenta toda ciudad.

Sistemas educativos a examen

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Los jóvenes cambiarán la forma de ver el mundo y sus ciudades, pero para ello necesitan el respaldo de los sistemas educativos. Warks plataforma que trabaja en talleres de formación para niños y docentes se encuentra inmersa en proyectos que contribuyan a esta transformación. Miguel Navarro, su responsable, habla sobre una iniciativa en la que los profesores puedan compartir los apuntes y documentación de asignaturas con sus alumnos a través de fotografías mediante WhatsApp o Instagram. No se trata de eliminar el teléfono móvil de las aulas, sino de integrarlo de una forma eficaz.

El caso de Warks es interesante en cuanto a que trata de amoldar las técnicas de enseñanza a la nueva realidad social de la juventud. No es un caso único. Cada vez más institutos se han dado cuenta de que el antiguo enfoque de informatizar las aulas tan solo consigue convertirlas en oficinas para niños. Las habilidades tecnológicas deben ser cultivadas, pero no serán bien asimiladas si se hacen usando las herramientas desarrolladas para su uso laboral por la población adulta.

Así las cosas, cada vez más expertos se cuestionan si no deberíamos reformular todo el sistema operativo. El doctor en filosofía Sir Ken Robinson postula que la educación actual se contempla únicamente desde un prisma industrial, estableciendo una ética de trabajo que, para más inri, ya no garantiza una buena posición una vez se alcanza la vida adulta.

Esta situación es aún más complicada en sociedades donde la progresión académica está ligada al status social. En China, por ejemplo, hacer trampas en los exámenes de acceso a la universidad es tan común (y grave) que puede acarrear penas de hasta siete años de cárcel. Son sociedades que van a tener que enfrentarse a una realidad extraordinariamente dura si se produce un cambio drástico en las condiciones laborales e industriales de sus países.

¿Cómo vamos a poder cambiar esta situación? Esa no es una pregunta fácil de responder. En el planeta hay 1.800 millones de personas jóvenes entre 10 y 25 años. Todo apunta a que ellos serán la fuerza para construir un futuro mejor en las ciudades, siempre y cuando, cuenten con los apoyos necesarios de unos adultos que poco a poco están aprendiendo a escuchar más.

Imágenes | freepik, Markus Spiske, Eliott Reyna