¿Es posible salvar a la periferia de sí misma?

Autor | Patricia M. Liceras

Uno de los grandes problemas de muchas urbes contemporáneas es que se han ido generando importantes anillos de población en su periferia. Se trata de un modelo urbanístico estructurado en capas como si fuera una cebolla, en el que buena parte de esas personas tiene que acudir frecuentemente al corazón de la ciudad, al residir ahí el centro administrativo, económico y cultural.

Esta estructura urbana plantea importantísimos problemas a nivel de eficiencia. No es lo mismo mantener un barrio de bloques de apartamentos con gran densidad que otro de viviendas unifamiliares y mucho más extenso. Al mismo tiempo, los problemas asociados a la alta densidad de las megaciudades siguen siendo numerosos. Eso sin olvidar el fenómeno de la gentrificación, que está expulsando del centro de esas ciudades a poblaciones que ya no pueden permitirse vivir en él.

Ciudades pequeñas, autosuficientes y ecológicas

En la búsqueda de nuevos modelos urbanos sostenibles, el arquitecto luxemburgués Léon Krier, conocido como el padre del Nuevo Urbanismo, defiende crear un modelo de ciudades pequeñas, hechas con materiales naturales y transitables a pie. Lugares con calles, barrios y plazas abiertas, como los centros históricos de las ciudades europeas, que favorezcan la convivencia en armonía de diferentes razas, credos, edades y clases sociales, y que sean autosuficientes para las necesidades de sus habitantes.

“El desafío ecológico al que se enfrentan las ciudades es la reorganización territorial para facilitar las actividades diarias de sus ciudadanos sin necesidad de transporte“, aseguraba Krier en un evento organizado en septiembre pasado en Madrid por la Fundación Richard H. Driehaus y la International Network for Traditional Building (INTBAU).

Krier, asesor del Príncipe Carlos de Inglaterra, ya ha aplicado sus ideas en varias ciudades. La más famosa es Poundbury, a las afueras de Dorchester, en el condado de Dorset (sur de Inglaterra). Su construcción arrancó en 1989, ha alcanzado ya una población de 3.000 habitantes y se prevé que esté terminada en 2025. Además, en Latinoamérica, está desarrollando Paseo Cayala, una extensión de la Ciudad de Guatemala, y Herencia de Allende, una nueva ciudad situada a siete kilómetros de la turística San Miguel de Allende, en México.

Estas propuestas no aspiran necesariamente a conectar los anillos exteriores con el centro urbano, sino a incrementar su densidad de forma muy mesurada, evitando los megabloques de apartamentos y manteniendo al mismo tiempo grandes aceras y avenidas creadas para los viandantes más que para los conductores.

Una nueva vida para el extrarradio en Estados Unidos

Aunque es más fácil construir nuevas ciudades que transformar las ya existentes, en Estados Unidos se está asistiendo a una primera generación de remodelaciones de los extrarradios que proliferaron a partir de la segunda mitad del siglo XX y cuyo eje principal fueron sus centros comerciales.

Hoy, dada su obsolescencia, sobresaturación y con el auge del comercio online, muchos de ellos están cerrando. Y proliferan las iniciativas para convertir esos otrora templos del consumo en lugares en los que satisfacer otras necesidades de las comunidades, más allá de la comercial, y transformar sus enormes estacionamientos al aire libre en espacios públicos para el disfrute general.

Ya hay numerosos ejemplos de ello en Estados Unidos. Así, en San Luis (Misuri), un centro comercial moribundo ha sido transformado en un espacio de arte, mientras que otros se han convertido en residencias de ancianos, oficinas o aulas y bibliotecas públicas.

Mashpee Commons (Massachusetts) es el protagonista de una de las remodelaciones de la periferia más antiguas. A lo largo de los años se han ido levantando viviendas y negocios sobre este centro comercial de los años 60 y sus aparcamientos, haciendo que la población esté más cohesionada y tenga servicios más variados.

Belmar (Denver, Colorado) era un centro comercial erigido en un superbloque. Ahora en su lugar hay diferentes edificios transitables por calles, parques públicos, líneas de autobús y varios tipos de viviendas. Tal remodelación ha dado a la zona de Lakewood el centro urbano que nunca tuvo, y ha hecho que buena parte de los centros comerciales de Denver anuncien planes de reforma.

En este sentido, la arquitecta Ellen Dunham-Jones, una autoridad en desarrollo suburbano sostenible, aboga por repensar la periferia y hacerla más respetuosa con el medio ambiente. “El habitante urbano medio de Estados Unidos tiene cerca de un tercio de la huella de carbono del habitante suburbano medio, sobre todo porque la gente de las afueras conduce más y vive en edificios separados; hay mucha más superficie exterior por donde se escapa la energía. La gran oportunidad para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero está en la urbanización de la periferia”, señalaba Dunham-Jones en una charla TED.

Una mayor densidad, a su vez, tiene un efecto dominó, puesto que hace necesario el establecimiento de escuelas, hospitales y centros administrativos para responder localmente a unas necesidades que hasta entonces solo podían ser satisfechas viajando al centro de la ciudad. Este mix de edificios altos y bajos, con una densidad intermedia, hace a su vez que el establecimiento de servicios básicos resulte muchísimo más provechoso en términos económicos. El gran problema que pueden encontrar estas iniciativas es el rechazo de unos habitantes que huyeron precisamente de las ciudades para evitar las aglomeraciones, por lo que cualquier actuación dirigida a cohesionar la periferia no debería olvidar sus preocupaciones ni un obvio esfuerzo didáctico.

Imágenes | Bruno van der Kraan | Léon Krier | John Phelan