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Las ciudades-estado nunca se fueron: Hamburgo, Hong Kong, Singapur

Autor | Marcos Martínez

De la historia antigua nos ha llegado hasta nuestros días el término de ciudad-estado. Aunque poco se parecen las ciudades-estado sumerias de Uruk o Lagaš (5000 a.C.) a Singapur u Hong Kong en nuestros días, el concepto que subyace en su base es el mismo: la ciudad tiene autonomía y es el estado.

Sin embargo hay una diferencia notable entre el pasado y el presente: las ciudades-estado actuales no son autosuficientes. Dependen del comercio externo. Entre ellas también hay notables diferencias y similitudes: desde una ciudad con milenios de antigüedad como Hamburgo, a “nuevas” ciudades cuya área metropolitana abarca un amplio territorio insular, tal es el caso de Singapur.

Hamburgo, ‘pueblo libre’ desde que hay registros

La historia de Hamburgo (Alemania) es interesante por cómo un pequeño espacio de pocos kilómetros cuadrados ha logrado preservar su autonomía formando, a la vez, parte de un estado como es Alemania. Es el ejemplo de cómo la identidad de un conjunto suficiente de la población puede establecer una presión para sobrevivir, hasta ahora durante siglos.

Ya en 1189 el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico otorgó a la ciudad una carta de condición de Ciudad Imperial Libre, condición que ha logrado mantener (con cambios) a través de varios reinados y sistemas de gobierno. El ahora conocido como Ciudad Libre y Hanseática de Hamburgo sobrevivió a:

  • la Confederación Germánica (1815-1866),
  • la Federación Alemana del Norte (1866-1871),
  • el Imperio Alemán (1871-1918),
  • la República de Weimar (1919-1933),
  • la Alemania nazi (1934-1945),
  • la ocupación británica (1945-1949),
  • la República Federal Alemana.

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Hoy día la ciudad-estado de Hamburgo es a su vez uno de los dieciséis estados federados alemanes. Su carácter luchador ha hecho que esta ciudad-estado se mantenga en el tiempo y en buen estado de salud. Nominada en 2018 a los premios European Capital of Innovation de la Comisión Europea, su población se ha organizado (sin ayuda de los políticos) formando la Smart City Hamburg.

Pero cuando la población civil y la clase política trabajan juntos se pueden lograr metas como dejar al asistente de Google fuera de sus hogares (nota de prensa del consistorio); o convertirse en faros de innovación urbana. Es el caso del barrio de Wilhelmsburg, con 180 vivienda ecológicas en el temprano 2011, o del edificio BIQ, que posee una fachada de microalgas que genera energía.

Hong Kong, “región administrativa especial”

La ciudad de Hong Kong lleva desde junio de 2019 levantando titulares, y buena parte de ellos se debe a que sus habitantes la identifican como ciudad-estado independiente. Formalmente es una “región administrativa especial” de la República Popular de China, pero en la práctica es una burbuja de economía y política liberal enmarcada dentro de la frontera del gigante asiático.

En 1984 los gobiernos británico y chino acordaron el cese de Hong Kong como colonia británica, pero la ciudad no pasaría automáticamente al régimen comunista. En su lugar se acordaron cinco décadas de liberalismo económico y reglas especiales aún vigentes. Como resultado, Hong Kong es una ciudad-estado de corte occidental con derechos que no existen en la china continental.

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Uno de estos derechos era la falta de extradición desde Hong Kong al resto de China, al menos hasta que fue publicado por el gobierno de Carrie Lam el 29 de marzo de 2019. Dos días después la ciudad vivía por primera vez en décadas protestas civiles contrarias al régimen chino, y a fecha de redacción de este artículo se ha vivido la primera huelga general en 50 años.

Hong Kong se ha convertido en un laboratorio urbano no intencionado. Sus políticas de Smart City bajo el sello Blueprint quedan empañadas con el uso de la tecnología como herramienta de ataque y defensa. En el vídeo de abajo se muestra cómo la ciudadanía protesta con láseres en la mano para evitar que las cámaras hagan uso del software de reconocimiento facial mediante IA.

En otro vídeo se observan miles de euros de efectivo (en moneda local) distribuidos sobre las máquinas expendedoras de billetes de transporte público. Los hongkoneses se organizan para mantener el anonimato en las inmediaciones de las zonas de protesta, y es que el dinero digital puede suponer una amenaza. La actitud pública muestra aquí su papel crítico en la definición y el mantenimiento de la ciudad-estado como concepto.

Singapur, una apuesta por la tecnología

La ciudad-estado de Singapur es un territorio interesante no solo por su complejidad (conviven cuatro idiomas oficiales —chino, inglés, malayo y tamil—  y una decena de religiones). También por la forma en que han tecnificado la sociedad y se han convertido en potencia mundial y líderes en tecnología, desarrollo, o educación, partiendo de una ínsula pobre sin recursos naturales.

Hoy Singapur  es la ciudad con más árboles por metro cuadrado del mundo, algo de lo que se benefician sus más de cinco millones de habitantes; la primera ciudad del mundo en la que se testó por primera vez la movilidad autónoma (2016 con el taxi nuTonomy); y la única urbe con un gemelo digital altamente desarrollado mediante modelado semántico.

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Pero no siempre fue así. En 1963 se independizó de Reino Unido y pasó a formar parte de la Federación de Malasia, un romance breve que duró dos años. Con pocos recursos y una situación aún empobrecida por la II Guerra Mundial, el 9 de agosto de 1965 nace la ciudad-estado con la firme intención de innovar e invertir en tecnología. Las consecuencias de la decisión las vemos hoy.

A pesar de su tamaño y presupuesto, Singapur ocupa hoy el séptimo puesto en el informe Cities in Motion, que busca entender cómo de inteligente es una ciudad. Durante la pasada edición del Smart City Expo World Congress 2018 Singapur fue galardonada como la ciudad más inteligente del mundo, y de ella se dijo que “se ha convertido sin duda en un referente mundial de la transformación urbana, de cómo implementar soluciones inteligentes”.

Ciudades-estado, ¿tienen futuro?

Ha dado la casualidad de que las tres ciudades-estado analizadas en este breve artículo fueron colonia inglesa. Claro que, ¿qué ciudad del mundo no lo fue en su momento de España, Holanda, Francia o Portugal? Además las tres son ciudades portuarias, pero no todas las ciudades-estado comparten los mismos elementos. San Marino, Mónaco, Ciudad del Vaticano…

Llama la atención cómo, en un mundo en que los países tienden a generar alianzas entre sí (Unión Europea, BRICS, G20…), las ciudades-estado que siguen en pie son entornos más prósperos que los estados que los circundan. Que sean lugares en los que se valoran los derechos civiles, el respeto por la cultura y el impacto de la tecnología en la calidad de vida pueden darnos alguna idea.

Imágenes | iStock/Canetti, Jonas Tebbe, iStock/tampatra, iStock/kurmyshov