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Economía informal y países en desarrollo: motor de crecimiento y fuente de abusos

Autor | Diana Pardo

El término economía informal (también conocida como economía en la sombra o gris) fue acuñado por la Organización Internacional de Trabajo en el año 1972. A partir de este momento muchos han sido los economistas y escritores que han dedicado sus artículos y obras a exponer y definir este fenómeno con presencia a nivel mundial.

Aunque generalmente es considerada una actividad negativa, ocasionalmente puede devenir en situaciones de prosperidad en entornos desestructurados. Por contra, también puede suponer el caldo de cultivo perfecto para todo tipo de actores sumamente dañinos para la sociedad. Conocer las circunstancias y atajarlas de forma inteligente es un desafío al que se enfrentan numerosos estados y ciudades.

¿Qué es la economía informal?

La economía informal es toda aquella presente en cualquier sistema económico que no está regulada ni por ley ni por ningún estado. Esto quiere decir que la actividad procedente de esta economía no está incluida en el Producto Nacional Bruto (PNB) como sí lo están las actividades derivadas de la economía formal (regulada).

Dentro de la economía informal se encuentran actividades básicas como el cuidado de niños, cualquier trabajo familiar no remunerado, vendedores ambulantes, jardineros, limpiabotas, vigilantes de parkings, etcétera, pero también actividades delictivas como el tráfico de armas, drogas o personas.

También existen actividades informales situadas en un rango superior, que son aquellas derivadas de pequeñas empresas de servicios o manufactura. En las grandes ciudades esto puede ir desde trabajos relacionados con el turismo a la industrial textil o metalúrgica. 

¿Cuáles son las características principales de la economía informal?

Sus características se diferencian de las del sector formal porque son actividades no estructuradas, sin horarios, estabilidad ni protección. Las condiciones de trabajo no están reguladas ni existen cotizaciones por lo tanto los trabajadores tampoco disfrutan de sus derechos esenciales como la sanidad o la percepción de una pensión en el futuro.

Se evaden completamente los impuestos y no están sometidos a ningún sistema fiscal. Es más común que existan actividades informales en el sector agrícola, aunque cada vez está más instaurado en las ciudades de países pobres o en vías de desarrollo.

¿Existen ventajas y desventajas en una economía informal?

Este tipo de sistema en la sombra cuenta con ventajas y desventajas.

Algunos de sus beneficios son que al ser una economía de fácil acceso para trabajadores menos cualificados, se produce una reducción de la tasa de desempleo a nivel global, sobretodo en épocas de crisis económicas. Por otra parte los trabajadores en la sombra adquieren habilidades y aprendizajes que posteriormente les servirán para trasladarse al lado de la economía formal.

Sus principales consecuencias son que los trabajadores en esta modalidad se encuentran totalmente desprotegidos, al igual que sus familias. Además al estar estos negocios exentos de impuestos y libres del sistema fiscal, se perjudica directamente al presupuesto público del estado. Practican la competencia desleal frente a otras empresas similares que están en el lado de la economía formal cumpliendo con sus obligaciones tributarias.

Por último, la falta de controles sobre la economía informal hace que se convierta en un vivero para la actividad delictiva. El dinero que mueven pequeños y no tan pequeños negocios en situación de invisibilidad administrativa puede ser utilizado para financiar organizaciones criminales, por lo que la estabilidad laboral y económica que aportan a parte de la población puede quedarse en nada si se compara con los problemas de inseguridad que pueden estar alimentando de fondo.

Economía informal en cifras

Según los últimos datos de la OIT, la economía informal emplea a más del 61% de la población activa mundial. Esto son 2.000 millones de personas, de las cuales el 93% son habitantes de países emergentes y en desarrollo.

Si lo analizamos por zonas y países, en África el 85% de los empleos son informales, en Asia, Pacífico y los estados árabes el porcentaje asciende al  68%. En América son un 40%, y en Europa y Asia Central un 25%.

Según este último informe, parece que los hombres se ocupan más en trabajos informales que las mujeres, siendo los porcentajes de 63% y 58% respectivamente. Sin embargo, en países de mayor pobreza donde los ingresos son varios, las mujeres son las más perjudicadas.

La OIT afirma que el grado de formación es un factor relevante a la hora de pertenecer a una u otra economía, ya que las personas que completan la formación secundaria y superior tienen menos probabilidades de caer en sus redes.

La agricultura es sin duda el sector que mayor cantidad de empleo informal produce. Por ello las personas que viven en el sector agrario tienen mayores probabilidades de tener empleo que las que viven en las urbes.

Puesto que muchos países mantienen una cierta estabilidad social gracias al dinero aportado en sus estratos inferiores por la economía informal, atajarla de forma drástica mediante planes de formalización agresivos puede generar un fuerte rechazo. Incluso si la meta es lógica y deseable, las personas que viven de ella puede que prefieran mantener su precariedad e inseguridad antes que perder su única fuente de ingresos viable.

Por este motivo, gobiernos estatales y locales deben acompañar sus ambiciones reguladoras con políticas de crecimiento. Las cifras muestran que la economía informal se incrementa durante etapas de recesión y disminuye en las fases de crecimiento, por lo que resulta crítico tener una visión global del problema.

Imágenes | Burst, Your Photo Trips