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Datos abiertos: ¿cómo pueden mejorar la participación ciudadana y la economía?

Autor | Arantxa Herranz

Compras electrónicas, desplazamientos, visitas de ocio… Cada vez añadimos más información al conjunto de lo que conocemos como big data. Y cuando toda esta información es pública, abierta y accesible por cualquier persona o entidad, se denomina open data o datos abiertos. En el caso de las ciudades, suponen una oportunidad para mejorar la eficiencia, la productividad y la creatividad, tanto de los ayuntamientos propietarios de estos datos como de las empresas y organismos que sean capaces de explotarlos.

Aunque empezó como una corriente tímida, lo cierto es que cada vez más los gobiernos, las empresas privadas y las ciudades se suman a la tendencia de los datos abiertos. Sobre todo porque los beneficios y el valor de los datos compartidos se vuelven cada vez más claros. Los programas y políticas de datos abiertos pueden hacer mucho para ayudar a las ciudades a ser más eficientes, sostenibles, resilientes y prósperas, así como más receptivas a las necesidades de los ciudadanos y más transparentes en sus operaciones.

Desde evitar desastres a ahorrar dinero

Pero, ¿cómo se puede sacar partido de toda esta información para mejorar las ciudades? Casos de éxito hay muchos y en terrenos muy diversos.

Por ejemplo, en Nepal se utilizaron los datos sobre escuelas e instalaciones de salud para hacer mapas con las zonas más afectadas por algunos desastres naturales, lo que ha contribuido a salvar vidas.

Un caso bien distinto es el protagonizado por diferentes organismos de gobierno del Reino Unido. Todas estas administraciones estaban gastando dinero en lo mismo sin darse cuenta. Al emplear y cruzar estos datos abiertos se dieron cuenta de dónde había duplicidades y pudieron evitarlas, con el consiguiente ahorro.

Mientras, el proyecto Baltimore Open Air obtiene información de la calidad del aire a través de unos sensores llamados WeatherCubes. Con estos datos hace un seguimiento de ciertas variables climáticas como la temperatura, la humedad, el ozono y el dióxido de nitrógeno para reducir la contaminación del aire.

El poder del ciudadano

Estos datos abiertos también mejoran la participación ciudadana y el sentimiento de comunidad. En México, por ejemplo, existe el proyecto Mejora Tu Escuela. Fundado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), es una plataforma que ofrece a información sobre el rendimiento escolar, de forma que se ayude a los padres a elegir la mejor opción para sus hijos. Además, les permite reclamar una educación de mayor calidad y ofrece herramientas para involucrarse en la educación de sus hijos. También proporciona a los administradores escolares, políticos y ONG datos para identificar áreas que requieren mejoras.

En Uruguay, encontramos A Tu Servicio con el que los ciudadanos pueden tener mayor control de sus decisiones de atención médica. Cada febrero, pueden decidir si cambian o no con su proveedor de atención médica. En el sistema mixto de atención de salud público-privado del país, varios factores entran en juego al tomar esta decisión: la ubicación del proveedor de salud, la cantidad de médicos y pediatras disponibles, las horas de apertura, etc.

Estándares para el open data municipal

La tendencia a que las ciudades tengan estos datos abiertos es tan fuerte que se ha constituido el Consejo Mundial sobre Datos de las Ciudades (WCCD). El objetivo de todas las ciudades que forman parte de esta organización es mejorar los servicios y la calidad de vida de las ciudades gracias a estos datos. Barcelona, por ejemplo, es una de las ciudades que, gracias a su portal de datos abiertos, tiene la consideración de miembro Platinum.

Además, existe una norma estándar mundial, la ISO 37120, que certifica el desarrollo sostenible de las ciudades.

Se trata de una normativa vigente desde mayo de 2014 y fue la primera norma internacional sobre datos de las ciudades. Este nuevo estándar internacional se desarrolló utilizando el marco de Global City Indicators Facility, que ha sido probado en más de 250 ciudades en todo el mundo. ISO 37120 define y establece definiciones y metodologías para un conjunto de indicadores para dirigir y medir el desempeño de los servicios de la ciudad y la calidad de vida.

La norma incluye un conjunto completo de 100 indicadores, de los cuales 46 son básicos, que miden el desempeño social, económico y ambiental de una ciudad.

Los indicadores se clasifican en 17 temas sobre servicios de la ciudad y calidad de vida: economía, educación, energía, medio ambiente, finanzas, respuesta a emergencias, gobierno, salud, ocio, seguridad, refugiados, residuos, telecomunicaciones e innovación, transporte, diseño urbano, ahorro energía agua y sanidad.

Gracias a la colaboración público privada, la gestión de estos datos abiertos y su tratamiento puede ayudar a los ayuntamientos a gestionar y tomar decisiones informadas a través del análisis de datos, partiendo de un punto de referencia objetivo. El reto es que la financiación de la que disponen los gobiernos municipales tenga un mejor retorno y que estos datos también permitan la elaboración de planes y marcos que fomenten el desarrollo urbano sostenible.

Y, por supuesto, que todo ello pueda ser de nuevo evaluado con nuevos datos, de manera que se pueda analizar el impacto de los proyectos de infraestructura en el desempeño general de una ciudad.

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