El dilema chino de la basura convertida en energía

Autor | Jaime Ramos

La proyección de crecimiento de las ciudades en las próximas décadas acarrea nuevos desafíos. Uno de ellos deriva de la gestión de los residuos generados, que aumentan a un ritmo alarmante y sobre en todo en ciertos puntos del globo.

Almacenamiento y reciclaje de residuos se están convirtiendo así en un sector específico que requiere soluciones tecnológicas eficaces y limpias. En China pretenden ir más allá centrando sus esfuerzos en la conversión de basura en energía a niveles nunca vistos. El último e impresionante proyecto encaminado a contribuir a este objetivo lo encontramos en la mega-planta que se está construyendo en la ciudad de Shenzhen.

Shenzhen y la nueva generación de plantas incineradoras

Las ciudades chinas producen más basura que cualquiera del resto de las urbes en el mundo. En el caso de Shenzhen y, según apuntan desde SHL, empresa impulsora del proyecto, los residuos con los que la ciudad ha de lidiar a diario alcanzan las 15.000 toneladas. Además, el problema no consiste solo en qué hacer con los desechos actuales, sino con los que vendrán. Y es que el incremento de población de Shenzhen hace que se estime que la generación de basura aumentará de forma proporcional en hasta un 7% al año.

Chimenea de incineradora de residuos

La solución que traen los arquitectos de SHL consiste en una planta gigantesca de 112.645 m2, capaz de eliminar mediante incineración un tercio de los residuos actuales de la ciudad y de generar energía. Se calcula que su producción será de unos 550 millones de kWh al año. El techo del edifico principal proporcionará parte de esa energía eléctrica gracias a la instalación de 44.000 m2 de paneles solares.

La idea es que este complejo revalorice la imagen de las actuales plantas de incineración de basuras chinas. Para ello, se instalarán sistemas tecnológicos más avanzados y, al mismo tiempo, se utilizará esta microciudad dedicada a la basura como punto de información para los ciudadanos de Shenzhen.

Ventajas y desventajas del modelo chino de gestión de residuos

Se prevé que la planta de Shenzhen esté ya en funcionamiento en 2020. Los trabajos comenzaron en 2016 y desde entonces al proyecto no han faltado críticas. Una de las más claras tiene que ver con el hecho de que el proceso de conversión de basura en energía eléctrica no deja de emitir grandes cantidades de dióxido de carbono a la atmósfera. Los promotores del complejo se han defendido argumentando que la nueva planta minimiza las emisiones de este gas responsable del efecto invernadero.

Contaminación en China

Los vecinos de la zona donde se erige el gran edificio han mostrado también su descontento con manifestaciones. De hecho, las protestas en China por la instalación de plantas incineradoras empiezan a ser corrientes. Las autoridades, por su parte, no ceden y se muestran convencidas con su apuesta de seguir mejorando los procesos de incineración de residuos. De este modo, la meta es construir otras 300 plantas similares a la de Shenzhen en otras tantas ciudades chinas.

¿Existe una alternativa a la incineración de basuras?

Gran parte de las críticas recibidas a los procesos de conversión de basura en energía parten del concepto de que, en el ámbito energético, se debería optar por una producción 100% limpia. Pero entonces, ¿qué hacer con las miles de toneladas que se generan a diario? La otra opción principal, contrapuesta a quemar nuestros residuos, está dirigida a la no generación y al reciclaje.

Aunque son conceptos que pueden parecer más complicados de llevar a cabo, muchas grandes ciudades como San Francisco ya contemplan planes en esa línea. Quizá la cuestión para China sea si con sus actuales tasas de generación de residuos puede permitirse soluciones de este tipo, que requieren un esfuerzo a más largo plazo.

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