Recuperando la energía del tráfico: así son las carreteras de energía positiva

Autor | Tania Alonso

En todo el mundo hay más de 1.200 millones de vehículos registrados. Tan solo en EE.UU, la longitud de la red de carreteras supera los seis millones de kilómetros de longitud. Y se calcula, además, que de media las carreteras del planeta están ocupadas por vehículos el 10% del tiempo.

Las carreteras de energía positiva intentan convertir la magnitud de estas cifras en fuentes de alimentación. Aprovechar la energía procedente del tráfico y de fuentes renovables y utilizarla para abastecer farolas, semáforos o edificios cercanos.

Capturar y transformar la energía de los vehículos

Una de las primeras iniciativas para generar energía a través de las carreteras se dio en la década pasada. En 2009, la empresa Highway Energy Systems Ltd instaló rampas de energía electro-cinética en el parking de un supermercado en Gloucester, Reino Unido. Estas rampas aprovechan la energía cinética que producen los vehículos al pasar por encima.

Esta se transmite a un motor que, a su vez, produce energía suficiente para alimentar dispositivos eléctricos cercanos. En este caso se utilizó para hacer funcionar las cajas registradoras del supermercado.

Otras iniciativas, como el proyecto “Roads as energetics corps” de Repsol, se basan en desarrollar vías piezoeléctricas. Gracias a dispositivos integrados en el asfalto, pueden transformar en energía eléctrica la presión y la vibración que generan los vehículos a razón de 1 kWh por cada 12 metros de carretera. Sin embargo, dado su coste, solo serían rentables en vías de mucho tránsito.

Carreteras solares

Tourouvre-au-Perche, una pequeña localidad de Normandía (Francia), puede presumir de contar con la primera carretera solar del mundo. Cuenta con 2.800 metros cuadrados de paneles solares cubiertos de resina con láminas de silicio para soportar el peso de los vehículos. Detrás está la tecnología de Wattaway, desarrollada por la empresa francesa Colas.

Según la propia compañía, 20 metros cuadrados de estos paneles solares proporcionan energía suficiente para abastecer una casa. Y un kilómetro puede alimentar la iluminación pública de una localidad de 5.000 habitantes. Colas ha colocado posteriormente más carreteras solares en Narbona (Francia) y en la frontera entre Alabama y Georgia (EE.UU.).

Otra solución pasa por capturar la radiación solar y convertirla en energía térmica. Es la que propone la iniciativa Power Road, de Eurovia. Gracias a la instalación de un intercambiador de calor en la calzada, la carretera captura esta energía, la almacena y la dirige a edificios e infraestructuras cercanas a través de un sistema de bombas de calor.

Según Eurovia, 25 metros cuadrados de esta tecnología pueden absorber la energía térmica que usa un hogar de 70 metros cuadrados en un año. Y fundir hasta 20 cm de nieve al día en carreteras y pistas de aeropuertos. En verano, esta tecnología puede contribuir también a enfriar las capas superiores del asfalto.

Espacios también para dos ruedas

No todo gira alrededor de vehículos motorizados. Holanda cuenta con un carril bici con células fotovoltaicas integradas en el hormigón. La luz solar que incide sobre la vía es absorbida por las células solares y convertida en electricidad. Esta se puede utilizar para la iluminación de la carretera, los semáforos y las señales de tráfico.

Detrás de este carril bici (inaugurado en 2014 con 70 metros de longitud) está el proyecto SolaRoads. Durante sus seis primeros meses generó 3.000 kWh. Energía suficiente para alimentar un hogar unipersonal durante un año.

La lista no acaba aquí. Otros proyectos estudian aprovechar, por ejemplo, el viento que generan los vehículos al pasar por las carreteras para generar electricidad. Soluciones que buscan reconcebir el concepto de la generación de energía para hacer frente a las crecientes demandas a nivel mundial. Y, a su vez, promover el uso de fórmulas respetuosas con el medio ambiente.

Imágenes | Unsplash/Ed 259, Unsplash/Alexander Popov, Wattaway/Defense92, SolaRoad