Paraisópolis

Paraisópolis, Brasil. Una ciudad de favelas que aspira a ser igualitaria, sostenible y accesible

Autor | Arantxa Herranz

Aunque no resulta fácil medir con exactitud ni hacer un seguimiento de la población que reside en barrios marginales, el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) calcula que aproximadamente 11,4 millones de personas (el 6% de la población del país) viven en algunas de las 6.329 favelas que hay repartidas en todo Brasil.

El estado de São Paulo es el más rico de todo Brasil. La ciudad es el corazón económico y financiero, pero también la ciudad de todo Latinoamérica con el mayor número de personas viviendo en barrios marginales. La propia NASA explica cómo, a través de las fotografías tomadas por sus satélites, se observa el crecimiento de esta gran urbe. El cambio más notable de las fotos de la NASA es la propagación de los suburbios, donde el crecimiento ha sido más rápido. En la última década las barriadas de São Paulo sumaron 1,7 millones de personas frente a las 800.000 personas agregadas al centro del la ciudad durante el mismo periodo.

El crecimiento de las favelas

Gran parte del crecimiento de los suburbios ocurrió en las favelas, que surgieron cuando las personas construyeron sus casas en las laderas empinadas y áreas desocupadas porque se las había considerado inadecuadas para la construcción. Se calcula que entre el 20 y el 30 por ciento de la población de São Paulo vive en favelas, lo que representa un desafío para el gobierno municipal porque estas comunidades no planificadas a menudo carecen de conexiones con los servicios básicos de alcantarillado, agua y electricidad.

Paraisópolis es una de las favelas más grandes y reconocidas de Brasil. Es uno de los ejemplos más gráficos sobre cómo la pobreza y la riqueza más extrema pueden estar separados por apenas un par de calles. En sus 331 kilómetros cuadrados de extensión viven unas 20.000 personas. Pero Paraisópolis es también un ejemplo de cómo se puede transformar y mejorar el escenario y la calidad de vida de sus habitantes.

El problema de la marginalidad

Las favelas son barrios marginales de Brasil. Muchas de las personas que viven en estos lugares tienen trabajos con bajos salarios y, por tanto, inferiores ingresos. Además, estos trabajos suelen tener horarios irregulares y múltiples ubicaciones. Algo que, además, hace que sea aún más difícil poder recabar datos correctos que ayuden en la planificación urbana.

El problema de estas zonas marginales es que sus condiciones de vivienda urbana suelen ser tan duras como para ser declaradas “intolerables” por la propia Naciones Unidas. Inseguridad, falta de servicios básicos (especialmente agua y saneamiento), estructuras de construcción inadecuadas e inseguras, superpoblación, ubicación en zonas peligrosas y altas concentraciones de pobreza, así como privación social y económica. Familias rotas, desempleo, exclusión económica, física y social son algunas de las características de estos barrios.

Esto, a su vez, hace que los habitantes de estas zonas tengan un acceso limitado al crédito y al mercado laboral formal por estigmatización, discriminación y aislamiento geográfico. Sus habitantes tienen más probabilidades de sufrir enfermedades transmitidas por el agua como el tifus y el cólera, así como VIH/SIDA.

Plan para el desarrollo urbanístico y social

Dadas las circunstancias, numerosos gobiernos apostaron por la demolición de estos barrios como manera de erradicar todos los problemas asociados a los mismos. Sin embargo, a partir de 1980 en Brasil se decidió mejorar la calidad de vida de estos asentamientos marginales en lugar de eliminarlos. La idea es que no es solo más humano integrar las favelas en la actividad de las ciudades, sino que además resulta más beneficioso económicamente que excluirlas.

Paraisópolis fue uno de los primeros lugares en los que se puso en marcha esta nueva estrategia. Uno de los objetivos de São Paulo es llevar los servicios de electricidad, alcantarillado y agua potable a todas las áreas que pueda. Además, están promoviendo una especie de “intercambios de domicilio”: cuando una familia abandona una chabola para ir a un apartamento construido por el gobierno, una nueva familia que provenga de una zona peor pueda ir a esa chabola hasta que encuentre una solución mejor.

La experiencia recabada, además, permitió que en 2001 se estableciera a nivel nacional un “Estatuto de la ciudad” que exige que las ciudades tengan planes maestros para este tipo de favelas. En este documento también se expone un conjunto de herramientas que los municipios pueden usar, como permitir que las ciudades creen “zonas de especial interés” para barrios marginales desorganizados, reconociendo formalmente su existencia y calificándolos para los servicios sociales.

Una alianza de ciudades

Este Estatuto de la ciudad cuenta con la ayuda y la colaboración de Cities Alliance, una alianza global de gobiernos nacionales y de ciudades, ONU-Hábitat y el Banco Mundial, enfocada en ampliar las soluciones de pobreza urbana. Una de las primeras medidas es siempre garantizar que los asentamientos tengan acceso a agua corriente y saneamiento.

Desde 2006, además, la ciudad de São Paulo tiene un sistema de información con el que puede conocer el estado de las favelas o las zonas de peligro de inundación, de forma que también se pueda hacer una mejor gestión de los servicios de limpieza y mantenimiento de la ciudad.

Los datos que demuestran el cambio

Los cambios y la transformación de Paraisópolis son evidentes y medibles con datos en la mano. Por ejemplo, entre 2000 y 2010, la tasa de empleo para la población de 18 años o más aumentó del 65,61% al 66,24%. Al mismo tiempo, la tasa de desempleo pasó del 10,86% en 2000 al 5,60% en 2010.

Otro de los indicadores de esta mejora es la esperanza de vida al nacer, uno de los datos del Índice de Desarrollo Humano Municipal (IDHM). En Paraisópolis, la esperanza de vida al nacer aumentó 3,3 años en la última década, pasando de los 72,9 años en 2000 a los 76,1 años en 2010. En 1991 era de 69,6 años. Mientras la mortalidad infantil (en niños menores de un año) disminuyó de 20,7 por mil nacidos vivos en 2000 a 13,7 por mil nacidos vivos en 2010. En 1991, la tasa fue de 25,2.

Paraisópolis, pues, demuestra que se pueden aplicar ciertas medidas en las condiciones más adversas para mejorar la vida de sus habitantes y que los responsables de la ciudad tengan, a su vez, más facilidades para hacer una mejor gestión de estos lugares  más desfavorecidos.

Imágenes | nakagawaPROOF/Flickr, Wikimedia, Pixabay