isla de calor

Olas de calor e islas de calor: ¿qué pueden hacer las ciudades para protegerse?

Autor | Esther Fuldauer

El último mes de junio tuvo por protagonista en Europa a una ola de calor abrasador creada por una burbuja de aire cálido enviada por los vientos desde el Norte de África. Ciudades de toda Europa experimentaron temperaturas que llegaron a alcanzar los 45 ºC.

Estos sucesos climatológicos solo van a ser más frecuentes a consecuencia del cambio climático. La gente de las ciudades será la que más sufra debido a la polución y el calor generados por la concentración de actividades humanas. Las superficies negras reflejan la luz solar, y el asfalto y los tejados oscuros absorben calor, irradiando la ciudad durante la noche. Este fenómeno se conoce como isla de calor urbana o UHIE por sus siglas en inglés, y puede elevar las temperaturas varios grados por encima de lo normal en áreas urbanas.

¿Cuáles son las estrategias de las ciudades para combatir el efecto de isla de calor?

isla de calor

Con un número creciente de personas migrando a la ciudad, unido el rápido desarrollo urbano, las islas de calor pueden empeorar. Desafortunadamente, los espacios verdes no tienen una gran consideración en el contexto de una expansión urbanística desenfrenada. Al mismo tiempo, en las ciudades antiguas se construyeron infraestructuras antes de que se tuviera conciencia del cambio climático , así que las olas de calor pueden ser incluso más peligrosas. ¿Qué pueden hacer las ciudades para remediar esta situación?

“Emblanquecer” las calles: las calles de asfalto negro, los aparcamientos y los tejados oscuros pueden cubrirse con una capa de color gris. Estos cambios pueden reducir drásticamente las temperaturas del aire en entornos urbanos.
Ciudades reverdecidas con jardines: se ha demostrado que el uso de vegetación puede reducir la temperatura, y en ciudades europeas se han marcado objetivos para ello. París se ha marcado como metas una superficie verde de 100.000 hectáreas, utilizando tejados y muros con vegetación.
Bosques urbanos: los árboles son modificadores del microclima de primer orden a través de la sombra y la respiración. Las hojas reflejan la luz solar, reduciendo la temperatura en zonas peatonales y protegiendo a los ciudadanos con su sombra. También resultan excelentes a la hora de atrapar humedad y la lluvia.
Tejados verdes: las plantas y la tierra evaporan humedad, enfriando el aire alrededor de edificios y reduciendo la necesidad de utilizar el aire acondicionado durante los periodos de mayores temperaturas.
Pasillos de viento: el aire debe fluir entre edificios para que la polución y el calor no se concentren en el suelo. Este es el caso de la ciudad de Stuttgart, que está situada en un valle fluvial, rodeada por inclinadas colinas que atrapan tanto el calor como el aire contaminado de la región. Sus calles son más amplias y están llenas de árboles para dirigir las corrientes de aire.
Agua: nebulizadores, fuentes y balsas para reflejar la luz del sol pueden ayudar a reducir las temperaturas.

Y cuando llega una ola de calor, ¿qué hacen las ciudades para ayudar a la gente?

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Durante el pasado mes de junio dos personas murieron durante de insolación en España y otras dos más fueron hospitalizadas. Los grupos más vulnerables a las insolaciones son los ancianos, los bebés, las personas con enfermedades crónicas y aquellas que viven en edificios poco eficientes energéticamente o en áreas sin las superficies verdes necesarias. ¿Qué están haciendo las ciudades para paliar todo esto?

París tiene un plan contra el calor concebido tras la ola de 2003 que mató a 14.000 personas en Francia. La ciudad instaló habitaciones refrigeradas de uso público en edificios oficiales, instaló nebulizadores en calles y parques, y mantuvo las piscinas abiertas durante más días. Recientemente ha implementado las “islas de frío”, espacios públicos enfriados de forma natural e interconectados en los que la gente puede refrescarse durante el calor extremo del verano. Pueden encontrarse fácilmente mediante una app, Extrema Paris, que también proporciona información sobre las temperaturas locales y dirige a los usuarios al punto fresco más próximo.

En Barcelona, el Centro de Urgencias y Emergencias Sociales sale a la calle durante los periodos más calurosos para distribuir agua entre la población sin techo, informándoles acerca de la posibilidad de permanecer en alberges y refrescarse en ellos si lo desean. Estos profesionales también alertan a los servicios de emergencia si detectan casos de personas en riesgo.

Las olas de calor son mortales y pueden sorprender a ciudades enteras. Se estima que podrían cuadruplicarse a finales de este siglo. Los ayuntamientos deben desarrollar por tanto planes para adaptase al calor que incluyan predicciones y monitorización, pero también educación y sensibilización, respuesta a emergencias y planes globales de preparación frente a emergencias para lograr que las ciudades sean resilientes frente a la actual crisis climática.

Imágenes | Pawel Janiak, Jonas Weckschmied, Jiarong Deng