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Las ciudades inteligentes que naufragaron por el camino

Autor | Marcos Martínez Euklidiadas

Las ciudades son entes dinámicos que tienden a crecer o decrecer de forma paulatina a lo largo de los milenios, siglos o, como poco, décadas. Dibujar una ciudad sobre el mapa y empezar a levantar viviendas en mitad de la nada rara vez da buen resultado. Muestra de ello son las Smart Cities que se fueron quedando por el camino, algunas convertidas en dolorosas cicatrices sobre el mapa.

Lavasa (India), PlanIT Valley (Portugal), Ordos (China) o Santander (España) proporcionan algunos ejemplos claros de ciudad inteligente con sus picos y valles. Todas tenían grandes planes de futuro que finalmente quedaron a medio gas y perdieron la energía necesaria para alcanzar sus objetivos. Todas comparten no haber crecido de forma orgánica y bajo demanda de los ciudadanos.

Lavasa, la ciudad fantasma en La India

Corría el año 2000 y el término Smart City ganaba tracción. Los proyectos con megaconstrucciones tan exageradas como las que eliminaban cerca de 700 montañas enteras para ampliar la ciudad de Lanzhou (Gansu, China), empezaban a ver la luz. Algunos deberían haberse quedado sobre el papel, tal y como advertía la comunidad científica respecto a Lanzhou.

No fue así con Lavasa (India), el proyecto del multimillonario Ajut Gulabchand que partía de cero viviendas y pretendía alcanzar muchas miles. Como idea, no era mala. Gulabchand buscaba colocar a su país en el mapa creando de cero una ciudad inteligente. Una de las primeras que vería el mundo. Era un gesto comprensible, y durante un tiempo parecía que iba a lograrlo.

Pero bajo la estética de Smart City el verdadero deseo de Ajut Gulabchand era crear una “Nuevo Portofino”, en semejanza a la comuna Portofino en Italia, y hacerlo en un espacio físico notoriamente alejado de las rutas comerciales. Portofino, podemos señalar, es conocida tanto por su indiscutible belleza natural como por el modo en que la construcción roza esta naturaleza.

portofino smart city copia india

Lavasa empezó a construirse casi como un parque temático en un espacio físico notoriamente alejado de las rutas comerciales indias. Y ahí pudo haber estado uno de los mayores errores del proyecto. A golpe de talonario y deuda pública, la empresa Lavasa Corporation Ltd. fue levantando la ciudad de Lavasa durante años.

Pensada en principio para unos 250.000 habitantes, a mediados de 2018 solo conservaba 10.000, y no muy contentos debido al evidente estado de conservación de la ciudad. En la actualidad es un sumidero de gasto público para soportar los servicios deficitarios, y tanto la empresa como los inversores están arruinados. Este experimento no ha salido bien.

PlanIT Valley, la Smart City que nunca fue

Llama la atención cómo, pese al fracaso anunciado de Lavasa, la India pretende construir no una sino 100 ciudades inteligentes de nueva planta más. Otros proyectos, como PlanIT Valley han tenido la suerte de no despegar nunca. Llamada el “Silicon Valley portugués”, esperaba acoger a 225.000 personas. Finalmente se quedará en la esperanza. Los promotores nunca lograron crear un equipo cohesionado, y sin él fue imposible atraer la inversión necesaria. El barco naufragó en el puerto.

Mientras tanto, en los Estados Unidos Google construye una ciudad del futuro lindando con Toronto; y Yakarta está buscando nuevos terrenos en Borneo porque su ciudad se hunde. Quizá la clave sea ampliar ciudades en lugar de empezarlas de cero. De ser así Portugal ha esquivado una bala de 10.000 millones de euros según las fuentes de 2015.

smart city PlanIT-Valley

Con excepción de China, cuya presión demográfica debido al éxodo rural requiere de un ingente volumen de nuevas ciudades, todo parece indicar que reformar una “ciudad tonta” en “ciudad inteligente” es más coherente que edificarla de cero. Incluso en China, un país caracterizado por el crecimiento de su población urbana, pueden fracasar.

Ordos, la ciudad fantasma de China

Ordos se ha ganado el apodo de “la mayor ciudad fantasma del planeta”, y con sobrados motivos. Fundada en 2001 en mitad del desierto y con un coste de 200.000 millones de dólares (PlanIT Valley iba a costar apenas un 5% de esta cantidad), en 2016 apenas vivían en ella 100.000 personas, todos funcionarios del gobierno chino, y el aeropuerto no había visto un solo avión.

La ciudad original estaba diseñada para el millón de habitantes. Solo durante 2019 las fotografías satelitales empiezan a mostrar vehículos aparcados junto a las interminables filas de viviendas. Sí, Ordos empieza a cobrar vida más allá de su propia construcción, pero lo hace lentamente y con ecos de un parto difícil. Sus edificios de viviendas de 20 pisos apenas se iluminan cuando cae el Sol.

La mayoría de viviendas fueron diseñadas con una calidad superior a la media del país, por lo que resultan demasiado caras para la población local. Y quien puede permitírselo se va a otras ciudades cercanas como Baotou, no a un área metropolitana casi despoblada en medio del desierto.

Todo esto convierte a Ordos como una de las ciudades más jóvenes con más centros comerciales abandonados. Ni siquiera han tenido que sufrir la larga agonía de los malls estadounidenses, porque en Ordos nunca abrieron. Es como si en plena Revolución Industrial se hubiesen diseñado viviendas con establo en lugar de carbonera. Pero incluso con hoja de ruta todo puede complicarse.

Santander, ciudad española llena de sensores

Santander, ciudad al norte de España, se hizo famosa hace años por tratarse de la ciudad más sensorizada del mundo. Ya en 2009 tenía 12.000 sensores cuando con Belgrado (Rep. Serbia), Lübeck (Alemania) y Guildford (Reino Unido) sumaban 20.000. Pero Santander se ha quedado a medias.

En su publicación ‘El fracaso de la sensórica en las ciudades’, Ángel Retamar Arias y Verónica Corrales Berros explican por qué las smart cities no llegarán a nada si simplemente se dedican a instalar sensores que, por otro lado, ni siquiera están lo suficientemente maduros para la venta masiva y siguen siendo pilotos en muchos casos.

Pensemos en la instalación de sensores para avisar de plazas libres. Es necesario abrir el asfalto y mantenerlos en buenas condiciones durante toda su vida útil. Y para esto es necesario formar técnicos capaces de entender los sensores y cuidarlos durante años, quizá décadas. Sin esta segunda inversión que refuerce la primera, esta se pierde, como los cargadores de coches eléctricos que nadie mantiene y terminan por disuadir a los conductores.

Diseñar una Smart City va más allá de levantar planos y ponerse a construir, e incluso más allá de diseñar una hoja de ruta a cinco o seis años vista. Quizá el adjetivo smart se ha usado con demasiada soltura, aunque de los errores se aprende. Ciudades con algunos años a sus espaldas, como son los casos de Viena o Copenhague son consideradas bastante inteligentes. Por algo será.

Imágenes | iStock/typhoonski, Pierre-Selim Huard, PlanIT Valley, iStock/Tomás Guardia Bencomo