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Hospitales inteligentes: ciudades dentro de ciudades

Autor |Eduardo Bravo

Desde su aparición en la India hace más de 3.000 años, el objetivo de los hospitales ha sido conseguir la recuperación de los pacientes gracias al desarrollo de protocolos que permitan una rápida actuación, optimicen los recursos, faciliten la toma de decisiones y proporcionen todas las comodidades para que la recuperación del paciente sea eficaz, sencilla y completa.

Como cualquier otra institución humana, los hospitales han ido evolucionando a medida que progresaba la sociedad, pero ha sido con la creación de las ciudades inteligentes cuando han experimentado un considerable desarrollo.

De hecho, si se tienen en cuenta los principios que inspiran las Smart Cities –como la eficiencia energética, la buena gestión administrativa, la seguridad de sus residentes, la aplicación de las nuevas tecnologías para solucionar problemas, la accesibilidad o la sostenibilidad–, los hospitales son, desde hace años, pequeñas ciudades inteligentes dentro de las Smart Cities.

En esta evolución de los hospitales ha jugado un importante papel otro de los pilares claves sobre los que se asientan las ciudades inteligentes y que no es otro que el diseño de edificios inteligentes. Construcciones en las que, además de la arquitectura, es clave una disciplina vinculada a la domótica, pero que la trasciende por su mayor alcance y complejidad: la inmótica.

La inmótica es la automatización total de los inmuebles para que puedan ser controlados desde un ordenador central. Desde la instalación eléctrica, a la de fontanería, sin olvidar los ascensores, los quirófanos, el termostato de las diferentes zonas del complejo, los pedidos de alimentos, fármacos y consumibles o la monitorización de los pacientes, que estarán controlados desde que entran en el edificio y hasta que reciben el alta médica.

Además, el hecho de que la inmótica incluya en cierta forma la domótica, permite que los pacientes ingresados en estos hospitales inteligentes o sus familiares puedan controlar las condiciones de luz de la habitación, solicitar la asistencia de un enfermero, elegir el canal de televisión o regular su cama mecanizada para hacer su estancia más cómoda y agradable.

Construir el hospital perfecto sobre estructuras imperfectas

Como sucede con las ciudades convencionales, que no se transforman de manera integral sino que van incorporando las novedades sobre estructuras preexistentes, los hospitales se han convertido en edificios inteligentes incorporando mejoras y desechando los elementos obsoletos.

Recientemente, la consejera de Salud de la Generalitat Catalana, Alba Vergés, inauguró la nueva UCI del Hospital Universitario Vall d’Hebron equipada con tecnología inteligente. Esa nueva instalación posee avanzados sistemas de diagnóstico y monitorización que se gestionan a través del programa Smart Display, un software que, según los responsables del centro, “permite generar información que facilita la toma de decisiones y, además, mejorar el funcionamiento de la unidad”.

No obstante, y a pesar de los innegables avances que supone la nueva UCI para el Vall d’Hebron, esa unidad smart está ubicada en un edificio que data de 1955. Un hecho que se repite en la gran mayoría de ciudades, cuyos hospitales no son precisamente de nueva construcción. Por muchas inversiones que se realicen, los edificios continuarán siendo imperfectos en aspectos como la gestión energética porque las técnicas y materiales de construcción empleadas en su momento no cumplen los estándares de un smart building actual.

De esta forma, solo los hospitales de nueva construcción o los surgidos en ciudades que desde su origen han sido concebidas como Smart Cites –como Songdo en Corea del Sur, Masdar en Emiratos Árábes Unidos, o Lavasa en la India–, pueden aspirar a que su diseño y edificación incorporen todas las características que precisa un verdadero smart building en un entorno urbano inteligente.

Ese es el caso del hospital que está construyendo la empresa de salud privada Mackenzie Health en Ontario (Canadá) y que, según la propia compañía, será el primer hospital verdaderamente inteligente del mundo. Para lograrlo, se ha tenido en cuenta, además de los materiales, el equipamiento y la inmótica, su ubicación –en un entorno rodeado de naturaleza para mejorar el estado de ánimo de los pacientes–, su comunicación con los núcleos de población de influencia e incluso los accesos por carretera y aire, gracias a un helipuerto.

Cuando esté finalizado en el año 2020, el Mackenzie Vaughan Hospital permitirá que todos sus departamentos –desde las urgencias a las cocinas, pasando por el equipo de mantenimiento–, sus trabajadores e incluso el mobiliario estén conectados en red para poder tomar decisiones de manera inmediata. De esta forma será posible, por ejemplo, que la cama donde reposa el paciente detecte un cambio en el ritmo cardiaco, que alerte a los facultativos y que, en el tiempo en el que llegan a la habitación, la cama se coloque en posición horizontal para que se puedan iniciar inmediatamente las labores de reanimación o el trasladado a quirófano. Allí, los cirujanos tendrán disponible todo su historial médico, lo que aportará la información necesaria para la intervención y reducirá las pruebas clínicas que no sean imprescindibles.

Los riesgos de los hospitales inteligentes

Como pequeñas ciudades inteligentes que son, los hospitales inteligentes se enfrentan a los mismos problemas que aquejan a aquellas. El primero y principal es la casi total dependencia de los dispositivos informáticos que, en caso de fallo accidental o ataque intencionado, podría provocar graves consecuencias a los pacientes, tanto en lo que se refiere a su tratamiento como a su intimidad.

Expertos en ciberseguridad han advertido, además, de que los programadores de estas herramientas médicas están más preocupados en la eficacia de las mismas que en desarrollar una arquitectura a prueba de ataques. Lo mismo sucede desde los propios centros sanitarios, que no acostumbran a tener protocolos de seguridad demasiado sólidos por no ser esa su prioridad.

Detalles como esos facilitaron que en mayo de 2017, el Servicio de Salud Británico sufriera el ataque de un virus llamado WannaCry. Sus creadores exigieron a las autoridades el pago de un rescate en BitCoins para descifrar los archivos e historiales médicos de los pacientes. Un hecho que podría volver a ocurrir en el futuro si no se extreman las precauciones en este campo.

Por último y como también sucede en el caso de las ciudades, la apuesta de los hospitales inteligentes por la tecnología puede hacer que algunos de los usuarios se vean excluidos a consecuencia de una brecha tecnológica provocada bien por cuestiones de edad, bien porque la situación de salud que atraviesan les dificulte manejar dispositivos conectados de forma remota con el hospital.

Solucionar detalles como estos será clave para que los hospitales inteligentes actuales y los que están por venir alcancen su objetivo, que no solo es la curación del paciente, sino hacerlo por medio de procesos hospitalarios más humanos.

Imágenes |  Pixabay, Sasin Tipchai, Fernando Zhiminaicela, Michal Jarmoluk, KoalaParkLaundromat, Sujin Soman, F. Muhammad.