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Cuando la basura se come a las ciudades: la economía circular como solución a la acumulación residuos

En la película de Pixar Wall-E, el espectador disfruta con las peripecias de un pequeño robot cuyo único propósito es clasificar y empaquetar la basura abandonada por una civilización que, migrada a las estrellas, espera el día en que la Tierra deje de ser tóxica para poder regresar. Aunque su inspiración parece anclada en ideas como las teorías más catastrofistas sobre la superpoblación, particularmente aquellas divulgadas durante los años 60 y 70, la acumulación de residuos es un problema urbano realmente serio.

Las dificultades en la gestión de residuos se pueden manifestar de diversas formas. También son variopintas las soluciones. Algunas, como se ilustró en la ponencia dedicada a la economía circular en el Smart City Expo World Congress 2019, pueden ser además económicamente rentables. En algunos casos se trata de buscar un aliciente monetario a una situación problemática; en otros, los más extremos, de intentar extraer posibles beneficios de lo que es un auténtico problema de supervivencia.

Cuando la basura se convierte en un peligro para la población: el caso de Singapur

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A través de una política de sostenibilidad seria y continuada, por no decir contumaz, Singapur ha logrado proyectar la clase de imagen que muchas otras urbes querrían ver reflejada en el espejo. La ciudad-estado del sudeste asiático es a día de hoy todo un ejemplo en áreas como la transformación digital, la planificación urbanística y la educación gracias en parte a la facilidad de gestionar un país pequeño y con una población muy concentrada, pero su enorme densidad también entraña dificultades que muy pocos países querrían tener que afrontar.

A asuntos como la sostenibilidad alimentaria y los retos de una población en alza se suma el hecho ineludible de que Singapur tiene una superficie de 725 kilómetros cuadrados. Sus más de cinco millones de habitantes gozan además de una elevada calidad de vida, por lo que consumen y generan residuos en consonancia. Países más grandes pueden volcar la basura en cualquier lugar u olvidarse de ella. No es una opción para Singapur.

En los años 70 Singapur tomó la decisión de incinerar sus residuos, utilizando el calor emitido para generar energía. No es una solución muy imaginativa, y además sigue dejando residuos sólidos que hasta no hace tanto se volcaban en el mar. ¿Qué hacer con ellos? Patrick Pang, responsable de la Agencia de Medio Ambiente, supervisa actualmente una política de economía circular que ha llevado a Singapur a suplir una de sus grandes necesidades (materiales de construcción) a partir de las cenizas.

Mediante la cristalización de las cenizas procedentes de la incineración de residuos, explicó Pang, Singapur logra obtener materiales de construcción básicos que pueden ser utilizados en obras no destinadas a alojar personas. Todo el ciclo se realiza en el archipiélago y ayuda a conservar unos recursos preciosos, puesto que a pesar de ser un país densamente urbanizado, Singapur carece de grandes canteras y se esfuerza por conservar su limitadísimo patrimonio natural.

La importancia de la longitud del ciclo: la rueda más pequeña gira con menos esfuerzo

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En el otro extremo del planeta se encuentra el Vallés Occidental. Situada en el noreste de España, esta comarca catalana se caracteriza por su elevada industrialización. También por generar más del 23% de los residuos de toda la región. Esta circunstancia ha hecho que las autoridades locales impulsen la iniciativa Vallès Circular, presentada en el Smart City Expo World Congress 2019 y destinada no solo a afrontar el problema de la contaminación, sino a hacer que la región sea aún más competitiva gracias al aprovechamiento estratégico de sus residuos y la incorporación a la economía mediante la creación de un semillero de proyectos de corte autóctono.

Iniciativas como Vallès Circular, que buscan la transformación local de residuos en materiales de valor cuantificable por sus industrias, se alinean con proyectos como los desarrollados por el gigante europeo de infraestructuras y servicios FCC, que también sabe extraer valor de la basura. Esta es, de hecho, una de sus actividades. Entre sus numerosos proyectos destaca LIFE Plasmix, desglosado durante su participación en la ponencia sobre economía circular del evento.

Esta iniciativa se ampara en el programa europeo de reaprovechamiento de residuos Life4Film y busca hacer algo útil con plásticos como el poliestireno expandido, que como señaló Olivier Malet, jefe del departamento de tratamiento de residuos de FCC, se cuentan entre los más difíciles de recuperar. En lugar de quemarlos, la compañía ha creado un sistema que los procesa en forma de pellets que posteriormente pueden ser transformados en piezas plásticas o incluso bolsas de basura,

Puesto que los pellets de plástico tienen un valor muy reducido, su exportación puede ser complicada. Resultan por tanto más útiles si se vuelven a introducir en la cadena industrial local, que a través del reciclaje de envoltorios y elementos aislantes podría proveer a sus empresas con materia prima fabricada in situ. Al beneficio ecológico se suma el económico.

Life4Film, como los proyectos para la generación de biogás en vertederos, poseen un rendimiento económico que realmente se maximiza cuando se aplica en regiones relativamente pequeñas. Es la clase de iniciativas cuyo valor resulta especialmente elevado en lugares como Singapur o el Vallés Occidental, que a pesar de sus enormes diferencias, coinciden en una gestión los residuos marcada por la necesidad de acortar el ciclo para obtener el máximo beneficio.

Imágenes | Alina Grubnyak, Hu Chen, Cristian Palmer