smart cities ciudades flotantes

Cinco proyectos de Smart City imposibles con nuestra tecnología

Autor | Marcos Martínez

El pasado es un lugar fantástico para encontrar propuestas de todo tipo sobre cómo deberían ser las Smart Cities. Su acierto o ausencia del mismo ya es otro asunto. La futurología o prospectiva, y en algunos ámbitos la ciencia ficción dura, han tratado de acercarse a esta materia, solo en contados casos con éxito. Gracias a este derroche de imaginación y la constatación de los errores ya acontecidos, hoy podemos hacer un ejercicio de imaginación para visualizar cómo podría ser la ciudad del futuro, aunque todavía queden décadas para su tecnología.

Ciudades flotantes para los migrantes climáticos

Las ciudades flotantes en mitad del océano han sido un sueño desde hace siglos. Lo que ocurre es que hoy estamos más cerca de poder flotarlas. En 2002 se construyó en Algeciras (España) el mayor dique flotante del mundo. Tardó 14 días en ser remolcado a Mónaco, y es espectacular: mide 350 metros de largo y pesa 160.000 toneladas. Parece razonable repetir la operación.

La Ciudad Oceanix que abre el artículo, de Bjarke Ingels, es uno de los últimos diseños de ciudad flotante. Aunque no es el único —hace unos años el arquitecto Vincent Callebaut diseñaba la ciudad de Lilypad para paliar la futura crisis de los refugiados climáticos—, ha servido a la ONU para impulsar este tipo de proyectos. En el libro ‘Seasteading’ (como el instituto del mismo nombre) Joe Quirk plasma la visión de este futuro.

Smart Cities submarinas

smart cities ciudades sumergidas

En la misma tónica que las ciudades flotantes tenemos las ciudades submarinas. El agua cubre el 71% de la superficie terrestre, pero si comparamos el suelo por el que podemos caminar con el volumen de los océanos, el porcentaje de tierra firme resulta absurdo.

Hace unos años la empresa japonesa Shimizu Corp anunció Ocean Spiral como concepto. Estos ingenieros habían pensado en todo: alimentación, emisiones de CO2, recursos, energía… Podríamos decir que es viable con nuestra tecnología actual, pero el coste resultaría prohibitivo y obviamente aún no interesa.

Ciudades verticales de más de un kilómetro

smart cities ciudades verticales

De momento la tendencia en edificación parece ir hacia más hacia arriba que hacia el mar, y cada año se bate el récord de altura. En 1997 se empezó a desarrollar la ‘Bionic Vertical Space’ y de ella surge en 2001 la ‘Torre Biónica’. Este edificio aún imaginario pero factible tiene 1.228 metros, 300 plantas y 12 barrios de 80 metros cada uno.

El edificio más alto del mundo es el Burj Khalifa (828 metros, finalizado en 2010), por lo que no iban tan desencaminados. Pero la idea tras la Torre Biónica y proyectos similares es generar entornos autosustentables derivados de mecanismos naturales conocidos.

Ciudades vivas para 2050

En 2017 la firma Tellart presentó un futuro interesante: ciudades capaces de crecer y autorregularse como un organismo. Una suerte de colonia de “materiales vivos” o biomateriales. Plantas desalinizadoras orgánicas, auto-granjas de bacterias y robots… Parece descabellado pero la idea se expuso en el Museo del Futuro de Dubái bajo la supervisión de un panel de expertos en cambio climático.

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Cilindros O’Neill: la humanidad se va al espacio

Probablemente queden siglos antes de que podamos colonizar el espacio, pero las colonias cilíndricas o toroidales se imaginaron en 1970. La NASA recoge algunos de los diseños. Hoy se les conoce como ‘Cilindros O’Neill’ y son enormes estaciones espaciales que generan gravedad artificial en su interior al girar lentamente. Entramos aquí en el terreno de la ciencia ficción más dura y especulativa.

smart cities ciudades espaciales

Sabemos que estas estructuras son físicamente viables y, además, probablemente sean mejor entorno que planetas con baja gravedad o tóxicos como Marte. Pero no podemos asomarnos a este tipo de “ciudades” ni siquiera de forma remota. Para ubicarnos, la Estación Espacial Internacional lleva construyéndose desde 1998 y su tripulación máxima es de seis ocupantes. La creación de hábitats a semejante escala no podrá suceder antes de que tengan lugar múltiples revoluciones tecnológicas o incluso industriales.

El espacio está algo lejos, y es poco probable que vivamos bajo el agua, pero la crisis climática derivada de las emisiones de efecto invernadero va a agudizar nuestra imaginación al diseñar ciudades y sus edificios inteligentes. A lo mejor el Cilindro O’Neill queda todavía lejos, pero no cabe descartar la construcción de hábitats autocontenidos como respuesta a estos desafíos.

Imágenes | Oceanix City, Ocean Spiral, Tellart, NASA, Javier Gómez Pioz